Carlos A. Soto Vásquez 26/08/2012
Desde hace algún tiempo se ha especulado acerca del indulto para Alberto Fujimori Fujimori, por su estado de salud. Para sus allegados, es un acto de humanidad y de reconciliación nacional. Para otros, se trata de una acción política que beneficiaría a los mercenarios violadores de los derechos humanos durante su gestión y sería un precedente que favorecería jurídicamente a los que cometen delitos de lesa humanidad y atentan contra la vida humana.
Ni una, ni otra son posturas conciliables. Es importante entender y explicar conductas que producen rechazo, ¡Por ser inhumanas! Pues, solo en mentes sub-humanas, cavernícolas o reptilianas pueden anidar acciones irracionales, inenarrables e indescriptibles, tales como destruir, aniquilar o finalmente eliminar a seres humanos, por sus ideas, posturas o tendencias políticas, económicas, sociales, religiosas o culturales.
No hay, ni existirá nunca justificación alguna para atentar o violar los derechos humanos. Más grave aún, cometer delitos de lesa humanidad.
A lo largo de la historia humana, hemos conocido mentes enfermas, a las que poblaciones íntegras sin la menor reflexión, les han seguido y han apoyado. Estos personajes representantes de lo más deleznable de la naturaleza humana, en su afán de mantener o incrementar su poder han hecho uso y abuso de su condición y autoridad, convirtiéndose en lo más despreciable de la humanidad. Así tenemos, como representantes del deterioro de la esencia humana, a Atila, Nerón, Ciro, Alejandro Magno, Enrique VIII, la Reina Victoria, Napoleón, Hitler, Mao Tse tung, Stalin, Polpot, Stroessner, Somoza, Pinochet etc. Todos estos, entre muchos más han escrito la historia con sangre inocente o también opositora a sus regímenes. También, en el Perú, lo han hecho Abimael Guzmán y nose ha quedado atrás Alberto Fujimori Fujimori.
¿Cuál es el delito de Fujimori? Representar al Perú y permitirla existencia de agrupaciones de mercenarios y paramilitares, quienes en su relación sistémica con el gobierno de facto de Fujimori, cometieron delitos de lesa humanidad. No es cierto, que Alberto Fujimori ignoraba estas prácticas. Es difícil de creer en su inocencia e ignorancia de aquellas prácticas, porque el solo hecho de la existencia de rumores al respecto, UN BUEN GOBERNANTE, de inmediato orden la investigación pertinente y luego corrige los excesos, defendiendo el estado de derecho, poniendo bajo la judicatura correspondiente a los responsables y haciendo visible la política de gobierno estableciendo distancias con actos delictuosos como los de lesa humanidad.
Por otro lado, esgrimir pronunciamientos que indiquen el desconocimiento que alega Fujimori, indicaría que no era el gobernante, sino el títere de los grupos de poder político, económico y social que imperaba durante su gestión.
Otro grave error, ha sido manipular el aparato estatal:
Primero, creando una Constitución como instrumento útil para la comisión de los delitos de lesa humanidad, porque ello les permitió acortar distancias y tiempos legales, evadiendo los procedimientos reflexivos en estos casos.
Segundo, con su “Carta Magna”, pudo influir, inducir y conducir el orden judicial nacional, convirtiéndolo en “su Poder Judicial” –situación que hasta hoy no se ha podido mejorar por el alto grado de casos de corrupción- que como vemos la osadía más ignominiosa actual es la resuelta por los miembros del tribunal presidido por Javier Villa Stein.
Tercero, dirigir bajo una misma óptica siguiendo el correlato de los mecanismos enmarcados por una cada vez más sólida y compacta Estructura Nacional de Corrupción (ENC), que se consolida durante los ’90, en las Fuerzas Armadas, Fuerzas Policiales, el Congreso, las instituciones públicas y toda la administración pública. Todos éstos, sea por acción directa o indirecta, se han visto involucrados en delitos graves contra el Estado; de manera que en unos casos por motivos laborales tuvieron que admitir lo dictaminado por las autoridades competentes; en otros, por asociación y recomendación para la asunción de cargos y representación de confianza, y así por el estilo.
Todo esto, fue conocido y dirigido en muchos de los casos personalmente, por Alberto Fujimori, sus familiares y sus allegados. Pues, sin escrúpulo alguno, éstos participaron, convivieron, omitieron, legislaron, juzgaron, sentenciaron, administraron y gobernaron al Perú durante los ’90.
También es imperdonable, que siendo presumiblemente Alberto Fujimori “peruano de nacimiento”, se encargó de lo siguiente: a) Promover, defender e impulsar el continuismo en el poder, adoptando una postura dictatorial como lo fue Somoza en Nicaragua, Stroessner en Paraguay, Pinochet en Chile, Videla en Argentina, Franco en España, etc., b) Huir en la forma más cobarde del Perú y renunciar por fax desde el exterior, asilándose bajo el amparo del Imperio Japonés, demostrando así una carencia de valores éticos que se vanagloriaba existían en su mandato, los que en nada difieren de las prácticas perpetradas por los senderistas, quiénes también han buscado refugio en gran parte en otras naciones, y c) Postularse al Congreso Japonés haciendo uso de su “doble nacionalidad”, lo que desde ya dice mucho de su paupérrima calidad como individuo.
Ahora bien, ¿A dónde está la identidad peruana de Alberto Fujimori? ¡Nunca existió! Es lamentable su actitud y conducta; pues, ella evidencia los verdaderos intereses e intenciones personales y de grupos de poder político y económico de sus allegados, que han defendido su situación.
Nunca hubo un interés nacional de parte de Alberto Fujimori. Sus verdaderas intenciones de él, sus familiares y allegados han sido, son y serán economicistas libertinas, que se fundamentan en obtener, mantener y consolidar el control del país al precio que sea, aún a costa de vidas humanas. Por ello, su planteamiento durante los ’90 y actualmente bajo la denominación de Fuerza 2011, ha sido y es negociar los recursos naturales del Estado Peruano a favor de sus aliados internacionales. Para lograrlo, la Constitución emitida por Fujimori ha servido para desarrollar una economía centrada en la actividad extractiva y en la comercialización.
Ese estilo económico, es UNA ECONOMÍA CASCARÓN, pues su fundamento estriba en la venta de los recursos mineros sin ningún valor agregado, lo que indica claramente, que al terminarse los aportes de las vetas mineras, ¡ADIOS SOSTÉN ECONÓMICO! Con ello, la bonanza finalizará, tal como ha ocurrido con el guano y el caucho. Por otro lado, este soporte económico actual, que nace con Fujimori, seguido luego por Toledo, García y hoy Ollanta, tiene su correlato de ser una economía cuyos cimientos son volátiles y golondrinos. La razón la hemos mencionado por ser solo extractiva, pero además basada en la comercialización de productos importados, sea de vehículos motorizados, partes y autopartes de segundo uso procedentes de Japón y los países asiáticos, como ocurrió durante el gobierno de Fujimori y hoy toda clase de productos, sean necesarios o suplementarios.
Esto que acabamos de señalar nos permite señalar que el sustento de una estabilidad económica a largo plazo se fundamenta en el desarrollo tecnológico e industrial. No tomar en cuenta que el desarrollo de una nación cuyos pilares del mismo, tienen que ser apuntalados por los diversos componentes de una economía construida en forma equilibrada y contando con el aporte de los diferentes y diversos elementos que la componen. El tener una economía sesgada o desarrollada en una de sus partes, será solo un crecimiento parcial y la estabilidad se diluye en el tiempo, de manera que fácilmente genera una depresión económica que puede ser letal, como la que está experimentando hoy Europa. En ese sentido, la economía peruana no es tan sólida como parece y tal como la sostienen los grupos de poder económico y los economistas hoy. Necesitamos mayor precisión y madurez para definir con claridad el fenómeno peruano.
De todo lo manifestado podemos deducir que, ¿Es importante el indulto? ¿Nos reconcilia o abre heridas más profundas? Creemos que indultar es sinónimo de CULPABILIDAD, aunque no se admita conscientemente. Una verdadera RECONCILIACIÓN NACIONAL, es admitir los errores cometidos y realizar propósitos de reparar los daños y perjuicios ocasionados. Alberto Fujimori, ¿Está dispuesto este reconocimiento y la reparación? ¡Sólo él tiene la respuesta! Dentro de esa lógica, las agrupaciones fujimoristas, ¿Tienen el deseo de corregir y reparar el perjuicio ocasionado? Hasta ahora no se observa que tengan esa intención; pues, sus planteamientos y opiniones políticos evidencian soberbia y están cargadas de odio que manifiestan ser la antítesis movadefiana.
En este contexto, toda asociación política, social, económica, religiosa y cultural, traen consigo una asociación de pensamiento y de praxis. No podemos caer en la ingenuidad de un desconocimiento, de ignorancia e inocencia de lo que se está haciendo en nombre de quién o quiénes gobiernan. ESA ES UNA COMPLICIDAD REPUDIABLE, INDESEABLE E INJUSTIFICABLE.
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