Al despertar
la
mañana se ilumina
con tu sonrisa
y el encanto que
prodigas.
Eso lo percibo
a pesar de las
distancias,
tiempo y lugar,
eso, tú lo sabes bien.
Despertaste
en mi usado corazón,
la llama,
el fuego ardiente
del amor.
Te ignoré,
más tu imagen
se clavó
en mi mente
y espíritu.
Fue un dardo vital
que hirió
con mucha osadía,
mi ser.
No mediste nada,
impetuosa
e irrespetuosamente,
me tocaste,
mi alma sedienta.
La saciaste
y lo has hecho ayer
y hoy,
desde que me
conociste
Eres la musa
que inspira la
belleza;
mi ser,
exulta tu grandeza.
Ahora soy
esclavo de tu amor,
¿Lo sabes?
Ahora te lo confieso.
Espero,
que lo aceptes bien.
Aunque,
no me respondas
como quiero;
sin embargo, tuyo
soy, te digo:
Y… ¡Te amo con
locura!
Si, febril
y tan consciente es,
el amor,
que me cierra los
sentidos
y nubla
mi mente de pensarlo.
Tanto es
mi amor por ti,
amada mía,
que te ofrezco la
vida
sin reservas,
que no hay en el
mundo
nada,
que lo compare; ¡Sí!
¡Nada!
(CARLOS A. SOTO VÁSQUEZ – 03/11/2012)