jueves, 22 de noviembre de 2012

Confesión de amor



Al despertar
la mañana se ilumina
con tu sonrisa
y el encanto que prodigas.
Eso lo percibo
a pesar de las distancias,
tiempo y lugar,
eso, tú lo sabes bien.
Despertaste
en mi usado corazón,
la llama,
el fuego ardiente
del amor.
Te ignoré,
más tu imagen
se clavó
en mi mente
y espíritu.
Fue un dardo vital
que hirió
con mucha osadía,
mi ser.
No mediste nada,
impetuosa
e irrespetuosamente,
me tocaste,
mi alma sedienta.
La saciaste
y lo has hecho ayer
y hoy,
desde que me conociste
Eres la musa
que inspira la belleza;
mi ser,
exulta tu grandeza.
Ahora soy
esclavo de tu amor,
¿Lo sabes?
Ahora te lo confieso.
Espero,
que lo aceptes bien.
Aunque,
no me respondas
como quiero;
sin embargo, tuyo
soy, te digo:
Y… ¡Te amo con locura!
Si, febril
y tan consciente  es,
el amor,
que me cierra los sentidos
y nubla
mi mente de pensarlo.
Tanto es
mi amor por ti,
amada mía,
que te ofrezco la vida
sin reservas,
que no hay en el mundo
nada,
que lo compare; ¡Sí!
¡Nada!
 (CARLOS A. SOTO VÁSQUEZ – 03/11/2012)

Estrella eterna



Te escribo y te digo
como el Cuarto Libro del Cantar;
así te digo en mi mente y
espíritu.
¡Eso eres para mí!
No hay espacio, distancia
o dimensión
que me separe de ti.
Desde donde estoy,
mi espíritu
se fusiona
con el tuyo.
Esa fusión genera
por su simbiosis
la más excelsa y profunda
relación de amor.
Tú y solo tú,
sabrás y sentirás
en lo más hondo
de tu espíritu,
que es así.
Otros, pensarán
que es locura,
una ilusión;
pero, ¡No! No es así.
Recuerda,
querida, querida mía,
que eres el perfume de la vida,
los colores del universo
y la belleza de mi alma.
Al leer éstas líneas,
fluirá en ti,
la llama ardiente
del amor…
y de inmediato
tu espíritu gemirá
y buscará el mío
sin descanso,
hasta, encontrarlo.
Hallados, se funden
en el crisol de la vida,
haciéndose estrella
que ilumina,
tú ser y el mío,
en un solo espíritu corpóreo
por la eternidad.
 (CARLOS A. SOTO VÁSQUEZ – 13/10/2012)