martes, 7 de febrero de 2012

MI ENCUENTRO CON DIOS: Muy lejos del ideal


CARLOS A. SOTO V. 04/02/2012

“Como se separa el sebo de la carne de la hostia pacífica, así fue separado David de los hijos de Israel.” (Eclo. 47, 2)
¿Qué fue lo especial en David para distinguirse del resto del pueblo? ¡Muchas cosas! Era un hombre pacífico, honesto, sincero, veraz, inteligente, justo. Estas características le hicieron grato a los ojos de Dios; pero, lo más importante, ¡Era una persona de fe! Amaba profunda, total e integralmente a Dios. Por eso, Dios le concedió su perdón cuando pecó y cometió errores; sin embargo, ¿El resto del pueblo israelita tenía las mismas características que David? ¡DEFINITIVAMENTE NO!
Cuando vemos a David, vemos la transparencia e inocencia de su alma, cuestión que no demostró el resto del pueblo. Eso ocurre en todas las sociedades.
En nuestros días, observamos la existencia de muchas personas involucradas en asesinatos, homicidios, parricidios, filicidios, feminicidios, delitos de lesa humanidad, etc.; pero, lo que a pesar de la exclusión, absolución, archivamiento o no calificación penal, no podrán evitar, ¡ES EL CARGO DE CONCIENCIA!
Podrán estar libres, ser declarados inocentes, todos los que han delinquido y no tienen sanción; pero, en lo íntimo de su vida personal y para toda su existencia y la de sus familias, quedarán marcados, porque cargarán con la muerte o el delito en sus conciencias. No estarán en las cárceles los que han delinquido, ni estarán obligados a reparar los daños ocasionados; pero, en sus conciencias, aunque lo disfracen o justifiquen, ¡Son injustos y son reos en libertad! Porque en sus conciencias, en la de los jueces humanos, en las de sus cómplices, ¡SON DELINCUENTES! Ante Dios yante sus víctimas. Estos forman parte de los legionarios de la gehenna.
Durante esta semana se ha hablado mucho de la violación de los derechos humanos, sea por la muerte de miles de personas, por actos de tortura, por injusticias cometidas, etc. Los sindicados por esos delitos, se han defendido; pero, ¡MINTIENDO! Falseando los hechos y datos. Con esa actitud creen que saldrán libres de la acusación o de la sanción que merecen. Es posible que se les exculpe de los delitos, pero, personalmente pienso, ¡Que son cobardes! Porque no son capaces de enfrentar con hidalguía y valor el proceso a que son sometidos; estos, han recurrido a las armas y la violencia para superar los problemas; necesitan la mentira y declaraciones falsas, para engañar a la opinión pública e influir en ella a su favor; necesitan evitar el escándalo periodístico, como los jueces y fiscales, aceptando la presión social, para sancionar o liberar a las personas.
Estas personas, ¡SON DIGNAS DE LÁSTIMA! Por su actitud y proceder vergonzosamente miserable, de personalidad endeble, sin autoestima y asertividad.
En el tiempo de David, hubo muchos israelitas que vivían y sentían como las personas de hoy. Eso significa que la naturaleza humana, ayer, hoy y mañana siempre será la misma. Los sentimientos, emociones, prejuicios y demás caracteres humanos, estuvieron desde el principio de la humanidad y hoy todavía perviven; el escenario cambió, los estadíos históricos se modificaron; así también pasó con los procedimientos y tecnologías que variaron; pero, en esencia, las personas siguen teniendo los mismos caracteres humanos.
David, prefigura la venida del Mesías, de CRISTO. Eso marca la diferencia. Por eso fue elegido David como Rey y predilecto de Dios; por consiguiente, de su descendencia nace el Salvador: CRISTO.
Han habido tantos, pero tantos personajes bíblicos que con sus aportes han ido construyendo la Historia de Salvación; pero también, han ido perfilando el Ideal de Persona; así como también mostrando los vicios y perversidades de las que son capaces las personas. Por otro lado, la capacidad de discriminar o elegir lo pertinente de lo que no lo es.
En ese sentido, les invito a leer, revisar y reflexionar con una actitud sencilla y humilde Ecl. 8, 1-15.
Padre Bueno, deseamos ser personas de bien, virtuosos y con coraje. ¡Ayúdanos a tener el valor de enfrentar la vida! Con justicia, amor, verdad y esperanza; para contribuir en la construcción de la Civilización del Amor. Por Cristo nuestro Señor.
Amén.