martes, 6 de noviembre de 2012

Mi niña, mi estrella


¿Cómo decirte que te amo?
Hay un mundo
que nos separa.
Tan distante
e inalcanzable,
eres para mi.
En mi mente
y en mi corazón
siempre estás tú.
Hablar no es todo,
es insuficiente;
demostrártelo
es mejor.
¿Sabes?
Me he dirigido
a Dios,
le ofrecí mi vida
por tu felicidad
y bienestar.
Te entrego
mi sangre
y todo lo que soy,
para que pervivas
por siempre tú.
Te amo sin reservas
y sin condiciones.
Tú eres lo más bello
en mi vida,
lo más hermoso
que he conocido,
lo más grandioso
que ha existido;
eres la esencia
de la vida,
la energía
que transporta,
el pensamiento
que edifica,
el espíritu
más sublime.
¡Eres todo para mi!
No  es simple pasión.
Es el más grande
sentimiento humano,
¡Es amor!
Del que tantos
han escrito;
pero, todos juntos,
se quedaron cortos.
Este amor por ti,
sobrepasa los límites
y barreras universales,
Van más allá
de lo conocido
o por conocer.
Así, así con humildad
y sencillez,
¡Te digo, que te amo!
Mi estrella permanente,
mi Niña querida;
mi angelical estrella
de toda la vida.
CARLOS A. SOTO VÁSQUEZ – 21/10/2012

Carita sucia


CARLOS A. SOTO VÁSQUEZ
Renqueaba el carro y no paró, sino trotó
De un brinco subió la niña,
cabellos desaliñados, pobreza abundante,
miseria que rodeaba su caminar.
Todo parecía oscuro.
Estaba lleno el carro,
ni un asiento, ni espacio.
La niña casi dormía de pie.
Acongojados y adormecidos
todos los viajantes, por el hedor,
por el sofocante calor.
No atinaron a nada.
La madre acompañaba a su hija,
parecía una mujer guerrillera
por la boina sobre su cabeza;
jalaban ambas un atado,
que parecía solo contener papeles.
Triste, muy triste, los pesares de los pobres.
Agotado todo esfuerzo
y desnutrido hasta el tiempo
es lo que le rodea  a los pobres.
Vendrá el día en que aquella,
aquella carita sucia,
aquella pobreza, será riqueza.
Hay esperanzas y es lo que acompaña,
el sendero de la pequeña.
De la pequeña con una dulce
Carita sucia.