CARLOS
A. SOTO VÁSQUEZ
Renqueaba el carro y no paró,
sino trotó
De
un brinco subió la niña,
cabellos
desaliñados, pobreza abundante,
miseria
que rodeaba su caminar.
Todo
parecía oscuro.
Estaba
lleno el carro,
ni un asiento, ni espacio.
La niña casi dormía de pie.
Acongojados y adormecidos
todos los viajantes, por el hedor,
por el sofocante calor.
No atinaron a nada.
La madre acompañaba a su hija,
parecía una mujer guerrillera
por la boina sobre su cabeza;
jalaban ambas un atado,
que parecía solo contener papeles.
Triste, muy triste, los pesares de los
pobres.
Agotado todo esfuerzo
y desnutrido hasta el tiempo
es lo que le rodea a los pobres.
Vendrá el día en que aquella,
aquella carita sucia,
aquella pobreza, será riqueza.
Hay esperanzas y es lo que acompaña,
el sendero de la pequeña.
De la pequeña con una dulce
Carita sucia.
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