¿DÓNDE ESTÁ LA VERDAD?
Desde hace un tiempo venimos observando el alto costo de vidas que hay en el mundo contemporáneo. Lo lamentable es que son pocos los esfuerzos por entrar en razón y tener un respeto claro sobre la vida humana. Tal pareciera que ses sigue una tendencia casi auto-destructiva como la experiencia kamikaze.
El común de la gente sólo se esfuerza en exigir a otros o a los demás sus propias responsabilidades. Así tenemos que los jóvenes esperan que los adultos les ofrezcan soluciones a sus intereses, pero estos mismos jóvenes son incapaces de promover situaciones de auto-control en sus propios reclamos, porque ejercen violencia y un total descontrol en sus emprendimientos. Ejemplos tenemos con la proliferación de pandillas, de agrupaciones de sicariatos y otras modalidades.
La justificación la sostienen aquellos personajes que toda la vida han utilizado los mecanismos estatales para agredir, para saquear el erario nacional. En ese contexto, ¿Es posible tener esperanzas de un futuro mejor para nuestras sociedades? De ninguna manera. La realidad es que tenemos que mejorar todos y unos entregando un modelo a seguir y otros evitando cometer los mismos errores del pasado.
Una sociedad que evidencia que sus miembros tienen calidad de vida es aquella que no necesita de más o abundante recursos económicos, sino abundante solvencia moral y enormes ingentes cantidades de respeto por los demás y auto-respeto por si mismos.
La verdad es que mientras existan fanatismos de un lado o del otro, nunca se podrán resolver los problemas. Son inaceptables los fanatismos religiosos, ideológicos e inclusive etnográficos, pues quiénes siguen esas consignas, son sólo mentes obtusas y sin ninguna evolución, dado que su involución les ha dejado en el estado cavernario de la humanidad y les ha resultado difícil llegar a la categoría de personas.
Frente a lo señalado, es pertinente invocar a toda la humanidad a deponer actitudes violentistas y depredadoras, para ser más conscientes de generar una sociedad humana más y mejor llevadera y de gran calidad de convivencia humanitaria.
Carlos A. Soto Vásquez