jueves, 14 de febrero de 2013

FELIZ DÍA DE LA AMISTAD Y FELIZ DÍA-V


Considerando que es un día especial para toda la humanidad y con el deseo de que podamos establecer lazos cada vez más sólidos y fuertes de amistad no solo en parejas sino en todas las personas.
Reciban las bendiciones de Dios y colaboremos en defender la naturaleza y el lugar en donde vivimos

Asociaciones comunes y utilitarias


REFLEXIONES
Carlos A. Soto Vásquez 10//02/2013
Dice el Libro Eclo. 20, 28: “El fin del embustero es la deshonra, y lleva siempre encima su deshonor”
Esta recomendación es una sentencia bíblica, que tiene como objeto un valor moral, al que es invitado a participar, ¡TODO SER HUMANO!
Hoy sin embargo, aún cuando desde hace siglos existe esa recomendación, la mayor parte de las actividades políticas y los altos funcionarios son señalados clara y taxativamente de MENTIROSOS, CORRUPTOS, LADRONES u otra acusación.
Lo vergonzoso es, que si bien se los señala o acusa de actos ilícitos o delictivos, de flagrantes engaños u otros; sin embargo, se les reelige a ellos o a alguien de su agrupación política que directa o indirectamente están comprometidos con los ilícitos que les son atribuidos. Para seguir en esa espiral de vicio y delito, los personajes reelegidos o los miembros de su agrupación que asumen la confianza de ser elegidos autoridades, nuevamente son cuestionados, son investigados y hasta producen indignación popular.
Lo que nos llama la atención, es que aún cuando son cuestionados, tienen la osadía de presentar propuestas, hacer comentarios, emitir opiniones y hasta liderar causas, posturas o tendencias de protestas moralistas. Lo repudiable es, que existen ciudadanos que escuchan a los embusteros, atienden a los corruptos, aplauden a ladrones, ¿Es correcto escuchar, atender, seguir y hasta celebrar las acciones de estos personajes inmorales? ¡NO! En la jurisprudencia existe la “asociación ilícita para delinquir”, en las ciencias de la salud mental existe la “identificación entre pares”, y; en la moral cristiana existe la “identificación entre los pecadores”.
No podemos negar que todos tienen la oportunidad de rectificar y corregir sus errores. Pero lo que usualmente ocurre, es que NUNCA SE REPARA LOS DAÑOS Y PERJUICIOS ocasionados. La población no puede ser ajena a ese hecho de que NO PUEDE SER CÓMPLICE DE LA IMPUNIDAD.
Podemos darnos cuenta de que se ha perdido el sentido de la honestidad, el valor de la honradez, la limpia y transparente honorabilidad. Todo eso parece un conjunto de principios que existieron en épocas remotas y que hoy son cavernarias,”fuera de onda”, “pasadas de moda”, entre otras apreciaciones. Aunque se me catalogue como cavernario o fuera de época, debo señalar que resulta recusable que la prensa escrita y radiotelevisada, sin escrúpulo alguno les otorgue espacio, tribuna y hasta el privilegio de grandes titulares a personajes siniestros. Los periodistas tienen la noble misión de ser mensajeros de buenas y malas noticias. Es la tarea de los ángeles divinos; sin embargo, amparándose en el principio de la libertad de expresión, haciendo uso inadecuado de él, destacan a los delitos como paradigmas a seguir, por su persistencia en esos moldes y actos. No se conoce que empleen un uso adecuado de la información, para informar con veracidad, educar en torno a lo ocurrido y orientar sin intereses ocultos y tendenciosos como suelen hacerlo últimamente.
Los deshonestos, los estafadores, los ladrones y hasta los asesinos, son distinguidos por la prensa en grandes titulares, al punto de ser señalados no precisamente como motivo de escándalo, sino como tipologías paradigmáticas que modelan y moldean las conciencias y conductas de los jóvenes y los adolescentes. Como evidencia de esto tenemos, el conjunto de Congresistas, autoridades y funcionarios, que han venido delinquiendo en el ejercicio de sus funciones, haciendo un mal uso de sus atribuciones, los que por la presión popular son sancionados… Pero, siguen apareciendo otros casos y se sigue en lo mismo. Gran responsabilidad tienen los partidos políticos de tener entre sus filas personajes de oscuras y tan cuestionables vicios.
Por otro lado, observamos que constantemente aparecen casos de corrupción y de delitos cometidos por miembros de la Policía Nacional, pero en lugar de corregirse y sancionarse como corresponde, dado que el pueblo es el que les ha entregado el uniforme, el arma y los honorarios, entre los mismos efectivos, haciendo un mal uso del “espíritu de cuerpo”, se ocultan los delitos o se defiende lo indefendible, dejando un sin sabor en la ciudadanía y genera una mayor desconfianza en ésta institución.
También tenemos, a los personajes de la farándula, cuyos principios morales, estriban en la promiscuidad sexual, en el consumo de alucinógenos, en la infidelidad conyugal, en el insulto, en la envidia, en la bajeza y vulgar expresión de lo que significa el arte escénico, en las canciones y música que expresan desvalores y agresiones discriminatorias y atentatorias a la dignidad humana, en el exhibicionismo sensualista. Todo este conjunto de conductas y acciones reflejan una tipología que deseduca a los adolescentes y jóvenes, hasta hacerlos proclives a incurrir en el seguimiento de inmoralidades que no tienen nada que ver con la modernidad y el aporte tecnológico e informático.
Tenemos, además, gran cantidad de delincuentes, asesinos, sicarios y otros, que hasta se promocionan a través de las redes sociales “sus servicios”, los que son imitados por otros pares, por el hecho de obtener un beneficio económico. Se emplea y se utiliza de manera escandalosa posbeneficios legales, para delinquir y con ellos se coluden hasta los fiscales y jueces.  Es cierto que debemos respetar las leyes y respetar los derechos humanos y de todos; pero, eso no significa “hacerse de la vista gorda”, poniendo como pretexto que sólo pueden fundar sus juicios y dictámenes legales en lo que las leyes señalan; también tienen criterios, racionalidad y una tradición cultural a la que deben respetar; de no hacerlo, están en contra no solo del estado de derecho, sino de los valores culturales de la  misma sociedad.
Como ven, soy sólo una voz que pretende invitarlos a la reflexión, para mejorar el estándar de vida y no estemos involucrados en actos de complicidad, de los embusteros, ladrones, mentirosos, homicidas y corruptos.
De lo dicho hasta ahora, observamos que lo más notorio es la MENTIRA. Un vicio y pecado utilizado por todos, en mayor o menor dimensión y proporción.. De una u otra manera se utiliza, sea para eximirse de responsabilidad, sea para aparentar algo que no es, sea para hacer una promesa, sea para  engañar en algo que pueda sacar algún provecho, sea para hacer sentir bien a los demás como un elogio, etc. Los  motivos son diversos.
En los últimos tiempos, es mucho más usual y quiénes más la emplean son los dedicados a la política. Sea para hacerse del poder o para cuestionar la gestión de las autoridades de turno. Una forma común es ofrecer las “verdades a medias”; es decir, se dicen afirmaciones incompletas o se realizan denuncias manipuladas. Estas son mentiras en todo el sentido de la palabra; son expresiones engañosas, las que utilizan los políticos para tener notoriedad en la ciudadanía y obtener el beneficio pretendido.
Son los medios de comunicación social, con su intervención, quiénes hacen que las formas y estilos de conducta viciados de los políticos, los deshonestos, los estafadores, los ladrones, los mentirosos y hasta los asesinos sea exaltada, en lugar de su repudio… Y todo, porque utilizan el “estribillo” de turno, sea veraz o “a medias verdades”, con el que se destruyen honras o para dejar flotando en el ambiente la incertidumbre; de manera que, el propósito pactado con los grupos de poder económico, al que representan, alcance sus objetivos.
Me parece pertinente invitar a la ciudadanía, a que por un instante en su agotadora lucha por construir su futuro y el de su familia, evalúen reflexivamente, sin influencias o consignas a quiénes les van a ofrecer su respaldo y apoyo para que dirijan los destinos del país. Hasta ahora, los que han sido autoridades, en mayor o menor proporción han traicionado la confianza en reiteradas ocasiones. Los que se proponen para su reelección, señalan que es necesario contar con “la experiencia”, para evitar errores. Lo deleznable de su argumento, es que son ellos los que vuelven a incurrir en errores, y ¡Mas grave aún! En delitos.
A los que son reelegidos, no les interesa en lo más mínimo el interés nacional. Sólo les interesan sus propósitos personales. Una vez en el poder, se olvidan de los que les apoyaron; éstos son sólo piezas útiles para sus propósitos y proyectos personales. Somos testigos, todos, de que las reuniones que celebran las autoridades elegidas o reelegidas, son para la coordinación correspondiente con los grupos de poder económico. El pobre ciudadano que con su esperanza a cuestas, ya no participa de las reuniones de coordinación; es más, ¡Ya no se le consulta! Los proyectos y las obras, ahora están en manos de los “técnicos”… ¡Ellos si saben de las necesidades del pueblo!
En Eclo. 13, 1. 3. 5., leemos: “El que con pez anda se mancha, y el que trata con soberbios, se hace semejante a ellos… ¿Qué le dará el caldero a la olla? Chocar con ella y quebrarla… Mientras les seas útil se servirá de ti; cuando no valgas nada te abandonará”
Esta es la cuestión. Debemos evaluar con criterio y buen juicio al momento de decidir, quien va a dirigir los destinos nuestros y de nuestros descendientes. Elegir una autoridad, supone tener amplitud de criterio y no solo bastan consignas partidarias. Es determinar el bien común, el beneficio para las grandes mayorías y no sólo para determinado grupo de poder. Lo principal es la honestidad y la verdad, la honradez y transparencia.
Una autoridad corrupta o presuntamente corrupta, ladrona o presuntamente ladrona, ¡NO ES AUTORIDAD! Es un dictador, es un mal modelo, pues merece todo el repudio y rechazo de la ciudadanía. Si es reelegido, a pesar de las presunciones, ¡Ese pueblo se merece los resultados y consecuencias de sus decisiones!
Quien traiciona a un pueblo, es un delincuente, porque ha ido en contra de lo establecido por la ley; además atenta contra las grandes mayorías, que por lo general son los pobres, aprovechándose de su condición de “autoridad”, se enriquece, no desarrolla los proyectos y beneficios para todos, sino sólo para quiénes le ofrecen coimas; también urde y trama el dolo, el engaño, el fraude y los negociados. Es por ello que son y deben ser inelegibles.
Los pueblos y sociedades necesitamos, autoridades dignas y honestas, que no tengan siquiera sospechas de turbidez en sus vidas o gestiones públicas. El sólo hecho de presunción delictiva o de compromiso en acciones dolosas o corruptas, genera desconfianza y si somos sus electores, ¡Somos cómplices del delito!