CARLOS A. SOTO V. 22/01/2012Mi espíritu entristecido y acongojado por las experiencias de la vida, Señor. Pues, más son amarguras y desdichas, necesidad y hambre, dolor y sufrimiento.
Dime Señor, ¿Qué debo hacer? He levantado mi voy y he clamado tu ayuda; he tocado las puertas de muchos para ofrecer mis servicios; he buscado el pan y los recursos necesarios, para cumplir mis compromisos; he ofrecido mi ser para ganarme el sustento, y, ¡Nada! Todo es silencio e indiferencia.
Nadie responde a mis propuestas, cuando toco sus puertas, cuando les hablo, cuando pido su ayuda, cuando solicito atención, cuando pido me den la oportunidad. ¿Por qué será, Dios mío? ¿Me dejarás morir, acaso? ¿Soy indigno de atención? ¿Será tal vez porque soy muy mayor de edad? ¿Es que sólo necesitan a los jóvenes? ¿Lo que ofrezco no les sirve o les crea controversias?
Dijo Dios, entonces:
“Ay, de aquellos que en sus camas planifican y organizan perversidad, la que ponen en práctica al día siguiente, y ¡Todo porque tienen el poder!
Pobre de ellos que teniendo las posibilidades económicas, se las niegan al necesitado, no le socorren ni ayudan, no le dan la oportunidad de ganarse el sustento.
Pobres de los que no obran con justicia y solo explotan al pobre jornalero.
Pobres de aquellos que se ponen de aliados con los enemigos de mi pueblo.
Pobres de aquellos que con sus acciones y prácticas, incitan a las mujeres a venderse en las plazas.
Pobres de aquellos que inducen a los niños, ser los esclavos de sus minas y venden su tiempo por un pan.
Pobres de aquellos que disfrutan con holgura y placer, las cosechas arrebatadas a los que estos, han explotado injustamente.
Yo les anuncio, que las riquezas obtenidas injustamente, se las comerán las polillas; que su amontonamiento de riquezas se perderá en el fuego y en el agua; que todo pacto realizado con los enemigos de mi pueblo, será su calvario para ellos.
Son abominables a mis ojos, son despreciables por su actitud.
Yo reuniré a mi pueblo y le daré dignidad, recobrarán el prestigio que les fue quitado. Tendrán la corona de la vida y serán saciados. Iniciarán una nueva tierra, una nueva sociedad. Ellos me conocerán y me reconocerán, serán fieles a mi y su lealtad permanecerá para siempre.
A ti te recuerdo, que te puse como mi siervo y sólo estás conociendo y viviendo, las consecuencias de tu decisión de seguirme. Bien sabes, que Yo te elegí y tú aceptaste. Ahora conoces los riesgos y retos; sin embargo, no te preocupes, hallarás lo que necesitas, tendrás la respuesta y s mejor que así vivas, para que no te pese la soberbia, la infidelidad y la seguridad, la holgazanería y el pecado. Mi gracia te basta.”
Dios mío, esto es una gran incertidumbre. No quiero pecar, tampoco tener dudad de lo que me dices; pero, ¿Cómo hacer para comer? Tengo confianza que tu Espíritu de Amor está conmigo; que estoy siguiendo las huellas de mi Señor Jesucristo; que tu poder y tu gracia están conmigo. Pero, disculpa mi osadía, Señor, ¿Cómo pago las cuentas de los servicios y otros? No tengo una fuente de ingresos. Lucho por tenerla. La busco y, ¡Nada!
“¿Acaso no te acuerdas de mi pueblo en el desierto que comió sin haber trabajado? ¿No recuerdas que alimenté a los que escuchaban mi Palabra, en mi Hijo? ¡Ahí tienes la respuesta!”
¡Bendito sea Dios! Bendito y glorioso sea tu nombre por y para siempre.
Amén.
