CARLOS A. SOTO V. 18/02/2012
Durante las últimas dos semanas, hemos sido testigos o por lo menos informados de una serie de acontecimientos. De un lado, la captura de subversivos y delincuentes muy buscados por sus delitos; de otro lado, siniestros pavorosos como los incendios dantescos en Lima; también, la discordante confrontación del derecho de los menores de edad y la discriminación racial; por otro lado, las polémicas declaraciones y conversatorios del abanderado de la revocatoria de la Alcaldesa de Lima, y; así por el estilo, una que otra noticia más. Todas reflejan las pasiones y emociones humanas, las responsabilidades legales o no de los protagonistas o administradores del ejecutivo o el sector público; de lo que podemos obtener que, directa o indirectamente, los humanos fracasamos en la perfeccionabilidad de nuestra humanidad.
Partiremos por la siguiente afirmación: “No hay un solo justo hoy en día”. ¿Qué significa esto? La falta de prudencia humana al iniciar acciones o expresar ideas que traen consigo perjuicio en los demás, atentando contra su libertad, su vida o sus bienes.
La falta de responsabilidad para cumplir las normas y el interés común de toda la sociedad, ya que solo se busca o propicia el interés personal.
La falta de respeto de los derechos y la integridad de las personas cualquiera sea su condición social.
La falta de ética de la mayor parte de la población que busca sólo obtener resultados económicos personales, sin importarles la dignidad de las demás personas.
Haciendo oración hace dos días, El Espíritu de Amor inundó mi ser y sentí con mucha fuerza e intensidad, el Camino hacia la Santidad. Pero, ¿Cómo lograrla? Para hacerlo, necesitamos aceptar nuestra limitación mortal, humana, sapiencial, etc. No somos perfectos e inmortales. Tenemos sendas y grandes limitaciones.
Realizado el reconocimiento, se nos exige tener un claro propósito de vida; esto se entiende como la razón o razones por y para las que vivimos. El no tener idea del porqué vivimos, genera indiferencia, individualismo mezquindad e indolencia en las personas. Se requiere profundizar, hurgando en la interioridad personal de manera seria, responsable y madura para proseguir hacia la santidad.
Luego, es poner en práctica, lo señalado, en nuestra vida, relacionándola con las personas de nuestro entorno y de todo @quel que se relacione con nosotros; lo que dice el evangelio de Cristo. Esto es, amar a los demás, como a sí mismo. El amor, supone solidaridad, participación, camaradería, generosidad, bondad, altruismo. Reentiende que todos somos hermanos en Cristo.
Como podemos observar, teniendo voluntad, y disposición para hacerlo podremos lograrlo. Todos somos llamados y convocados a la santidad. “Sean pues, santos, como santo es el Padre que está en los Cielos.” (Mt. 5,48)
Lo que tenemos que superar son esas taras y limitaciones que impiden lograr la santidad. Estas son: “fornicación, impureza, lascivia, idolatría, hechicería, odios, discordias, celos, iras, rencillas, disensiones, divisiones, envidias, homicidios, borracheras, orgías y otras.” (Gál. 5, 19b-21a). Esto es lo que hace daño a la comunidad humana y quienes directa o indirectamente hacen uso de esto, se apartan de Dios y se convierten en agentes del mal, dejando de lado la santidad, para caer en la perversidad.
Dios Padre Bueno y generoso, ¡Ayúdanos y enséñanos a ser capaces de adquirir amor, gozo, paz, la longanimidad, afabilidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. Envíanos el Espíritu de Amor, para poder así aclamar, ¡Bendito seas Jesús, Hijo de Dios! Nuestro Salvador en quien ponemos nuestra confianza y en su nombre te lo pedimos, Padre.
Amén.
Partiremos por la siguiente afirmación: “No hay un solo justo hoy en día”. ¿Qué significa esto? La falta de prudencia humana al iniciar acciones o expresar ideas que traen consigo perjuicio en los demás, atentando contra su libertad, su vida o sus bienes.
La falta de responsabilidad para cumplir las normas y el interés común de toda la sociedad, ya que solo se busca o propicia el interés personal.
La falta de respeto de los derechos y la integridad de las personas cualquiera sea su condición social.
La falta de ética de la mayor parte de la población que busca sólo obtener resultados económicos personales, sin importarles la dignidad de las demás personas.
Haciendo oración hace dos días, El Espíritu de Amor inundó mi ser y sentí con mucha fuerza e intensidad, el Camino hacia la Santidad. Pero, ¿Cómo lograrla? Para hacerlo, necesitamos aceptar nuestra limitación mortal, humana, sapiencial, etc. No somos perfectos e inmortales. Tenemos sendas y grandes limitaciones.
Realizado el reconocimiento, se nos exige tener un claro propósito de vida; esto se entiende como la razón o razones por y para las que vivimos. El no tener idea del porqué vivimos, genera indiferencia, individualismo mezquindad e indolencia en las personas. Se requiere profundizar, hurgando en la interioridad personal de manera seria, responsable y madura para proseguir hacia la santidad.
Luego, es poner en práctica, lo señalado, en nuestra vida, relacionándola con las personas de nuestro entorno y de todo @quel que se relacione con nosotros; lo que dice el evangelio de Cristo. Esto es, amar a los demás, como a sí mismo. El amor, supone solidaridad, participación, camaradería, generosidad, bondad, altruismo. Reentiende que todos somos hermanos en Cristo.
Como podemos observar, teniendo voluntad, y disposición para hacerlo podremos lograrlo. Todos somos llamados y convocados a la santidad. “Sean pues, santos, como santo es el Padre que está en los Cielos.” (Mt. 5,48)
Lo que tenemos que superar son esas taras y limitaciones que impiden lograr la santidad. Estas son: “fornicación, impureza, lascivia, idolatría, hechicería, odios, discordias, celos, iras, rencillas, disensiones, divisiones, envidias, homicidios, borracheras, orgías y otras.” (Gál. 5, 19b-21a). Esto es lo que hace daño a la comunidad humana y quienes directa o indirectamente hacen uso de esto, se apartan de Dios y se convierten en agentes del mal, dejando de lado la santidad, para caer en la perversidad.
Dios Padre Bueno y generoso, ¡Ayúdanos y enséñanos a ser capaces de adquirir amor, gozo, paz, la longanimidad, afabilidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. Envíanos el Espíritu de Amor, para poder así aclamar, ¡Bendito seas Jesús, Hijo de Dios! Nuestro Salvador en quien ponemos nuestra confianza y en su nombre te lo pedimos, Padre.
Amén.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
TODA OPINIÓN ES IMPORTANTE, PERO SU ACOGIDA SE BASA EN LO RESPETABLE DE SU COMENTARIO