jueves, 1 de marzo de 2012

MI ENCUENTRO CON DIOS: Pecados de la lengua

CARLOS A. SOTO V. 12/02/2012

¿Cuándo somos reos de nuestras propias acciones o expresiones? Ese es el motivo que nos lleva a la presente reflexión. El Apóstol Santiago en su carta, nos invita a la prudencia y el cuidado que debemos tener en lo que decimos. Se refería con justicia a la lengua, que tan pequeña, pero capaz de generar tempestades y cataclismos en el orden humano.
Sin lugar a dudas, hoy es frecuente el uso irresponsable e imprudente de la lengua por diferentes personas, no importando su condición o situación, tampoco sus intereses o experiencias. Lo cierto es que en muchas ocasiones de manera irreflexiva y nada seria, se lanzan afirmaciones u opiniones de manera condicional, que a la postre conllevan difamaciones, deterioro de honras y la honorabilidad de quiénes se opina o dice algo. Esta situación se ha hecho usual en la cotidianidad contemporánea y sin el mayor respeto a la dignidad de las personas, se dice lo quesea. Una manera cotidiana del uso viperino de la lengua es cuando se adjetiva y califica a las personas; otra manera, es cuando sin tener el conocimiento real de los casos, situación o vivencia de las personas, se las señala usando calificativos inadecuados, como por ejemplo: “apóstol del diablo” o “La CVR fue hecha a la medida de sendero”.
Expresiones como esas, ¡SON DESAFORTUNADAS E IRRESPONSABLES! Es censurable que aquellos que representan a una institución o a una sociedad, se expresen así; esto conlleva al enfrentamiento, a conflictos y a levantar odios gratuitos. Existen otras formas o maneras de presentar su disconformidad o desacuerdo.
Quiénes lanzan expresiones como las anotadas, nos demuestra una personalidad disminuida que para hacerse notar se expresan agresivamente; revelan la turbulencia y el veneno que anidan en su alma; evidencian la iniquidad y desenfreno de su espíritu. Luego, cuando éstos, son objeto de censura, oposición o recusamientos, alegan que se les restringe sus derechos. Es que, ¿Acaso no son reos de sus propias expresiones? ¡CLARO! Sus manifestaciones son el resultado de lo que tienen en su corazón.
Si tuviéramos que enumerar la cantidad de casos o hechos que muestran los pecados de la lengua, tendríamos muchas bibliotecas o tal vez debíamos necesitar muchas gibas para almacenar tal información.
Hoy existe una manera fácil de hacer uso irresponsable de la lengua; ésta es, ¡La libertad de expresión! Con el justificatorio de que es un derecho universal, se habla, se dice, se escribe o manifiestan afirmaciones o calificaciones prejuiciosas y perjudiciales.
Dios nos invita a lo siguiente:
1. Si deseamos denunciar una situación de pecado o de delito, se hace sin el ensañamiento contra la persona; pues basta mencionar lo repudiable que es el pecado o delito.
2. Si queremos ofrecer una primicia o noticia, o anuncio como es entre los cristianos, hagámoslo con la serenidad, prudencia y la veracidad del caso; sin levantar falsas expectativas.
3. Respetar la dignidad de los hijos de Dios, que supone respetar la dignidad humana.
Para lograr lo anotado, reconozcamos que no podemos decir que amamos a Dios y lo bendecimos; asimismo, con la misma boca y lengua no podemos maldecir a las personas. ¡ESOES UNA INCOHERENCIA! Demuestra, esa actitud, que no se tiene fe en Dios y que no se le ama, porque se está rechazando a las personas. Este rechazo a las personas,supone haber omitido ex-profesamente el mandato: “Amar al prójimo como así mismo”
Por consiguiente, existe una tarea para todos los cristianos y la humanidad en general: Revisar y reflexionar la Carta de Santiago 3, 1-12.
Padre Bueno, ¡Ayúdanos a ser prudentes y responsables! Enséñanos a amar sin descanso y darle buen uso a nuestra lengua. Te lo pedimos en nombre de Cristo nuestro Señor.
Amén.

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