martes, 17 de enero de 2012

MI ENCUENTRO CON DIOS: Beneficios económicos, ¿Para quién?


CARLOS A. SOTO V. 15/01/2012
Al leer el libro de Judit 11, 11-15, pareciera una situación ajena a lo que aparentemente vive, el Perú; sin embargo, podemos tomar en cuenta que este país, en el momento actual, se vive una “aparente bonanza económica”; la que por cierto, los más interesados en preservarla y defenderla con uñas, dientes y lo que dispongan, ¡Son los empresarios! Y sus más cercanos colaboradores. Pero, esa bonanza ¿La viven los campesinos, obreros, despedidos o desempleados, los moradores de los AA.HH., etc.?
¡NO! A ellos no les llegó nada y… ¡No les llegará! ¿Por qué? Se debe a que del total de los ingresos y la utilidad obtenida por la venta de minerales, les llega como beneficio, primero a los empresarios que negocian con el gobierno de turno en nombre del Estado; luego están el personal de confianza de las empresas y los funcionarios del aparato estatal. ¿El pretexto? ¡La formalidad empresarial! ¡Los profesionales colegiados! En fin, una élite que solo derrocha los recursos naturales y económicos; además de deteriorar el equilibrio ecológico por ser los agentes de mayor contaminación ambiental. ¿Cómo? ¡Con la quema de hidrocarburos en sus automóviles!
En ese contexto, ¿Quiénes son los que más usan los vehículos motorizados? ¿Quiénes son los mayores consumidores de drogas (bebidas alcohólicas, alucinógenos, tabaco, etc.)? ¿Quiénes son los que más fierro y cemento consumen destruyendo los terrenos agrícolas? Siempre, ¡Los de mayores ingresos económicos! Por tanto, son estos los que se benefician y son los que más problemas traen al cosmos… Y, ¿Qué de los pobres, los necesitados y los desempleados? ¡Ellos “no tienen vela” en este beneficio! No son los mayores consumidores de gasolina o petróleo; tampoco pueden darse el lujo de consumir drogas de primera calidad; aún más, viven en zonas tugurizadas, arenales o los cerros.
Es importante mencionar que el consumo aludido se mide por nivel socioeconómico y de manera per cápita. Eso representa que los niveles A, B y C a nivel per cápita, son los que en mayor proporción, ponen en riesgo al planeta.
Estas diferencias, hacen que los de mayores ingresos defiendan irracionalmente sus privilegio “en nombre del Estado” por estar “mejor preparados”, debido a que los pobres, los necesitados, los campesinos y los obreros, según éstos, “no están informados” y “no saben lo que más conviene al país”.
¡Claro! Por eso los pobres y necesitados, no tienen más recurso que tomar y comer las “dádivas” de los candidatos a ser autoridades; aunque estas “dádivas” sean fruto del narcotráfico, del dolo, la malversación de fondos, de los lobbys, los negociados. El pueblo, entonces, se convierte en cómplice de los actos delictivos y corruptos de quiénes son sus benefactores con éstas “dádivas”.
Judit, en este texto, nos dice que Dios no aprueba la acción de los que comieron lo prohibido para ellos; por eso recibirán su sanción. Pues, si no hubiera habido una mujer como Judit, es seguro que Dios les hubiera hecho merecedores del avasallamiento de Holofernes, en nombre del Imperio Asirio.
Dios fue misericordioso por mano y acción de Judit. Pero, ¿Acaso existe en el Perú alguna Judit? ¿De la piedad e integridad de esta mujer? ¡DIFÍCIL! No hay una mujer que se haya levantado para reclamar los actos injustos, ¡En nombre de Dios! Ni que señale con claridad las acciones pecaminosas y lo que se necesita para reparar las faltas.
Me parece que, entonces, las consecuencias serán poco pacíficas y justas. Lo que va a ocurrir, es un enfrentamiento entre los grupos elitistas y las mayorías de pobres. Lo grave, es que aunque se eligieron autoridades con orientación progresista y popular; sin embargo, los grupos elitistas en su afán de controlar el poder los destinos peruanos, están haciendo campaña de desprestigio, sembrando “cucos”, difamando y creando inestabilidad social. ¡ESO ES LETAL! Trae consigo con el tiempo, ¡VIOLENCIA!
A mi juicio, es mejor contribuir todos a mejorar la calidad de vida de todos los peruanos, crear nuevas fuentes de trabajo, promoverle mejoramiento de los servicios básicos donde no lo son o no existen.
Padre Amado, derrama tu Espíritu de Amor, sobre todos los peruanos, para que encuentren el punto de coincidencia que les ayude a buscar soluciones compartidas, razonables y solidarias, donde nadie quede discriminado o marginado. Te lo pido, Padre en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Amén.

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