
CARLOS A. SOTO V. 08/01/2012
Esta mañana, un tanto atribulado, por las complicaciones humanas y los compromisos por resolver, encontré motivo suficiente para conversar con nuestro Dios, hallé mi oración del 17/08/2003. Dije así:
Señor, Dios vivo, por tu Palabra te glorifico y bendigo tu Nombre.
Te alabo, Padre Amado. Por tu Palabra quisiera que:
Mi rostro, refleje la paz y el amor como el tuyo;
mi inteligencia, sea tan útil como ha sido, es y será la tuya siempre;
mis pensamientos, sean puros como los tuyos;
mis emociones, sean buenas y santas como las tuyas;
mis ojos vean todo, como los tuyos;
mis labios y boca, se pronuncien y saboreen, como los tuyos;
mis oídos, sepan escuchar como los tuyos;
mi nariz, sepa distinguir los olores como la tuya;
mi corazón, tenga los sentimientos como el tuyo;
mis brazos y manos, hagan obras como las tuyas;
mis piernas y pies, hagan caminos como los tuyos;
mi espíritu, tenga la misma apertura que el tuyo;
mi ser, sea cada vez más semejante a ti;
mi apariencia, sea cada vez más semejante a ti.
Oh, Señor, Padre Amado,
te ruego me ayudes a ser cada día un poco más de ti.
Que anime y consuele a los que lo necesitan;
que conforte y alegre a todos los que te buscan;
que apoye, colabore y participe con todos los que te buscan.
Padre Amado, Señor Jesucristo, Espíritu de Amor.
Dios mío, que tenga tu personalidad,
que progrese en la santidad.
Purifica, Dios mío, mi vida y transfórmala;
moldéala según tu santa voluntad
y sea conforme a tu Plan de Salvación.
¡Bendito seas, Señor de la Vida! ¡Te amo y te adoro, Dios mío!
Te lo pido Padre, en Nombre de nuestro Señor Jesucristo
Amén.
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