viernes, 6 de enero de 2012

MI ENCUENTRO CON DIOS: Año Nuevo ¿Mito o realidad?

CARLOS A. SOTO V. 01/01/2012

Una cantidad impresionante de jóvenes, hombres y mujeres circulando por las calles, retornando a sus hogares o sus lugares de origen. Por lo general, dando tumbos, apoyándose en parejas, para no caerse. Todos, por causa de estar algo bebidos, embriagados o drogados. Cada uno dando una respuesta al consabido eslogan “Feliz Año Nuevo”. Esperando pues, tener más y mejor suerte que el año anterior. Soñando el logro de sus proyectos y objetivos.
A como de lugar, intentarán lograrlo. Para ello, no hay mejor manera de alcanzarlo que participando de una fiesta con trago y baile, para “estar todo el año alegres”. Por eso se reunieron con sus amigos (as) y, ¡A celebrar se ha dicho!
Otros decidieron tomar por asalto las playas o se fueron de campamento a alguna zona rural, ¿Qué bien? ¡Lo importante es celebrar!
Tanto empeño han puesto, que el fruto de sus ahorros o de la gratificación de sus padres o de ellos mismos, ¡Se la gastaron completita! La quemaron con los fuegos pirotécnicos, el cotillón, la “chela” y el bailongo. Empezaron el 31 de diciembre del 2011 a las 10 u 11 de la noche y terminaron el 1º de enero del 2012, a las 5 o 6 de la mañana, algunos; otros en cambio la siguieron todo el día 1º.
Muchos llegan a sus casas a descansar y recuperarse; otros, van a la playa a seguir la juerga. El objetivo es celebrar o divertirse. También hay quiénes no llegan a sus casas, playas o campamentos; porque, los llevan a las clínicas, hospitales o morgue. ¡Todo por celebrar!
¿Es cierto que es un año nuevo? ¡Sí! Se reinicia el calendario, pero la persona sigue siendo la misma. La persona no cambió nada, ¡Sigue igual! Pues, tiene los mismos problemas, retos, sueños, ambiciones, aspiraciones, etc. Pero, también tiene los bolsillos vacíos, más deudas y no sabe si podrá sobrevivir en Enero. Quizás con su esfuerzo y alguna oportunidad logre sus objetivos; sin embargo, no siempre ocurre así.
Los únicos que se han beneficiado en esta celebración, ¡SON LOS MERCADERES! Ropa interior amarilla, adornos y cuanta chuchería han creado; todo para desplumar a todos los mortales con la “celebración del año nuevo”.
Todos los días ¡Son nuevos! Ninguno es viejo, hasta cuando éste pasó. Por consiguiente, ¿Es verdad que existe un “año nuevo”? ¿Es una promesa o es una realidad el logro de sus proyectos? Pienso que como idea es valorable, pero como realidad es inalcanzable. Sólo es un mito que se ha creado para ¡EXPRIMIR ECONÓMICAMENTE A TODAS LAS PERSONAS! Para abusar de la esperanza y aspiraciones de la gente, para dar rienda suelta al desenfreno y dilapidar lo poco que se tiene de valores y de virtudes.
Como señalara en la reflexión sobre la celebración de la Navidad, el más y único feliz, es Satanás. Con la fiesta y celebración del año nuevo, ha completado el control de los celebrantes festivos; para ello ha utilizado como siempre a los mercaderes y los medios de comunicación (radio, TV, Internet, periódicos, revistas, etc.) Con ellos, controla todo, ¡Hasta las conciencias y voluntades!
Esa es la cruda realidad. Hermanos y amigos, tal vez dirán, ¿Acaso eres un retrógrado, un aguafiestas o un frustrado? ¿No tuviste acaso alguna vez una celebración de año nuevo?
Primero, si he celebrado esa esperanza y se las deseo a todos por igual; pero, ¡Con mesura! Con respeto, dignidad, sin excesos y sin perjuicio familiar.
Segundo, no estoy censurando que se celebre; lo que estoy manifestando es que hay que saber distinguir a donde orientamos nuestra celebración y nuestra vida. ¡ESO ES LO IMPORTANTE!
¿Quiere Dios que celebremos momentos en nuestra vida? ¡SI! Él mismo ha instituido días y momentos de celebración. En dichas celebraciones se han formulado ritos especiales, que van desde el alimento, la bebida, la danza, la oración, el diálogo. En estas celebraciones, en ningún momento, se llega a los excesos que conduzcan al perjuicio y la pérdida de vidas humanas. Veamos algunos ejemplos: La Pascua, la Fiesta de los Panes, La Resurrección de Jesús, el Pentecostés, etc.
Evaluemos, entonces ¿Cómo celebré yo estas fiestas? ¿Fue motivo de un acercamiento sincero a Dios o no? ¿Qué debo hacer para superar en el futuro estas limitaciones o desaciertos? Las respuestas y deseos de enmendar los errores, ponlos delante de Dios. Busca su ayuda y consuelo, para que puedas alcanzar tus objetivos, de acuerdo a su voluntad y lo mejor para ti.
Amén.

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