CARLOS A. SOTO V. 17/12/2011
“¡Ay, de ti, gallito de las rocas! Tú que te has sentido seguro y protegido ; que has hecho de tu vida un culto constante de gozo, de placer, de diversión; que has quebrado tu alianza conmigo, alejándote de tus promesas de fidelidad. ¡Pobre de ti! No quedará de ti piedra sobre piedra y nada edificado.
Son tan grandes tus infidelidades que has traicionado mi confianza. Tu deslealtad la has labrado y esculpido en los corazones de tus hijos, perdiéndolos en la infidelidad. Pues, han preferido rendir culto a sus dioses de papel, metal y plástico, que hacer mi voluntad.
¡Ay, de ti gallito de las rocas! Que has cultivado entre tus hijos, la injusticia y el oprobio. Has alimentado la mentira y el engaño, para que los mercaderes acumulen bienes y riquezas, aprovechándose del pobre, del obrero y de los empleados que han tenido a s u cargo. Has cobijado entre tus hijos la injusticia y muchas vidas por las que no han reparado en nada a sus deudos. Has sembrado en los corazones el resentimiento y el odio, al despojar de sus derechos de vida: a los desempleados que les quitaste su sustento, a los que desplazaste de sus tierras haciéndolos forasteros, a los que les negaste su atención médica y educación haciéndolos enfermos e ignorantes, a todos los que les quitaste esperanza de vida con los negocios turbios que has realizado.
¡Ay, de ti gallito de las rocas! Vendrán del norte y del sur y arrasarán tu tierra y se apropiarán de tu casa. Saldrá de las entrañas de la tierra el furor de tus propias iniquidades y del desprecio que has tenido a mis Palabras y a mi voluntad. Serás una tierra asolada y devastada. Todo por tu actitud perversa de seguir a tus dioses de papel, metal y plástico.
Cuando ocurra, te lamentarás y pretenderás volver a mí. Me llamarás, pero sólo es porque te sientes abatida. A pesar de tus lamentos, no cambias de actitud. Tu corazón está lejos de sentir lo que me pides. Sólo eres un interesado. No tienes deseos de vivir de acuerdo a mi voluntad; por eso no te atiendo y verás las consecuencias de tus acciones.”
Señor, dije: ¿Por qué me dices anuncios tan desastrosos? ¿Quién atenderá y escuchará estos anuncios? ¿Acaso hay hombre, mujer, anciano, joven o niño, que sea capaz de tomarlos en cuenta? ¿Todos son culpables y qué de aquellos que son inocentes? ¿Vas a hacer sufrir a los inocentes? ¿No tendrás misericordia de ellos?
El Señor, continuó diciendo: “Todo está en mi Palabra. Mi voluntad es que todos vivan con dignidad, que sean fieles a mí. Que sigan el camino señalado por mi Hijo Amado, Jesús. ¡Solo así tendrán vida!
Hagan justicia al desvalido, al necesitado, a los que sufren. Devuelvan lo que se han apropiado injustamente. Atiendan a las viudas, a las madres solteras, a los niños abandonados y a los que están en situación de abandono, a los ancianos que mendigan en las calles, a los jóvenes que les han negado orientación y esperanza de vida. ¡Esa es mi voluntad!
Si retornas a mí, si vienes con un corazón sincero y haces mi voluntad; si sigues el camino señalado por mi Hijo Amado, Jesús; entonces, tendrán mi atención y defenderé sus derechos.”
Señor de la vida, te doy gracias por tu Palabra; pero, te pido que perdones a mi pueblo, que envíes a tu Espíritu de Amor para que lo guíe.
Como si fuera un relámpago, puso delante de mí, el Señor, una imagen clara y notoria, era como de una plaza central yen uno de sus lados, hacia el saliente, como una fortaleza hecha de grandes bloques, como de cemento, que se alzaba con gran altura y en las afueras habían muchos centinelas con armas para resguardarla. Su frente era hacia la plaza, pero era separada por un gran muro, el que estaba al poniente de la fortaleza, pero al saliente de la plaza. Por uno de los lados, hacia el norte, vi como una garita, por donde entraba mucha gente y todas eran controladas. Ahí había como una habitación fría e inhóspita, donde se pedían los documentos a la gente y se les entregaba un salvoconducto. Vi que muchos entraban, pero no salían. Hacia el saliente de la fortaleza, que era la parte posterior, la que daba a la ribera de un río, tenía una puerta por donde salían una serie de carros con grandes bultos como bolsas negras; los carros salían rumbo al sur y se perdían en el horizonte.
No había ruidos, todo era en orden y silencioso. Cada uno de los que entraba en la fortaleza, parecía sentenciado; sus rostros reflejaban indiferencia, indolencia y resignación.
También ingresé, pero alguien me dijo que yo no pertenecía a aquél lugar; pues, me hicieron salir. Pero, pude darme cuenta de lo sombrío y frío que era aquél lugar. Era como un lugar de muerte que estaba en el centro del país.
Quiénes se identificaban y caían bien a los centinelas, se quedaban como siervos reconocidos y los que no eran gratos, salían en los bultos como bolsas negras.
El Señor, me dijo, entonces, enseguida: “Esto es lo que hacen los gobernantes, apoyados por los mercaderes y tienen parte también los jueces; se coluden con ellos, los sacerdotes, haciéndose los desentendidos. ¡Ahí está el pecado! Es por eso que digo, que tu mismo gallito de las rocas, has labrado tu porvenir. ¡Mejora! Cambia de actitud. ¡Conviértete! Serás salvo y tendré piedad de ti.”
¡Bendito seas, Señor de la vida! Pongo a los sencillos, a los humildes, a los necesitados,a los justos, a los misericordiosos, a los que son leales a ti, para que los auxilies y protejas. ¡Bendito y alabado seas, Señor!
Amén.
Son tan grandes tus infidelidades que has traicionado mi confianza. Tu deslealtad la has labrado y esculpido en los corazones de tus hijos, perdiéndolos en la infidelidad. Pues, han preferido rendir culto a sus dioses de papel, metal y plástico, que hacer mi voluntad.
¡Ay, de ti gallito de las rocas! Que has cultivado entre tus hijos, la injusticia y el oprobio. Has alimentado la mentira y el engaño, para que los mercaderes acumulen bienes y riquezas, aprovechándose del pobre, del obrero y de los empleados que han tenido a s u cargo. Has cobijado entre tus hijos la injusticia y muchas vidas por las que no han reparado en nada a sus deudos. Has sembrado en los corazones el resentimiento y el odio, al despojar de sus derechos de vida: a los desempleados que les quitaste su sustento, a los que desplazaste de sus tierras haciéndolos forasteros, a los que les negaste su atención médica y educación haciéndolos enfermos e ignorantes, a todos los que les quitaste esperanza de vida con los negocios turbios que has realizado.
¡Ay, de ti gallito de las rocas! Vendrán del norte y del sur y arrasarán tu tierra y se apropiarán de tu casa. Saldrá de las entrañas de la tierra el furor de tus propias iniquidades y del desprecio que has tenido a mis Palabras y a mi voluntad. Serás una tierra asolada y devastada. Todo por tu actitud perversa de seguir a tus dioses de papel, metal y plástico.
Cuando ocurra, te lamentarás y pretenderás volver a mí. Me llamarás, pero sólo es porque te sientes abatida. A pesar de tus lamentos, no cambias de actitud. Tu corazón está lejos de sentir lo que me pides. Sólo eres un interesado. No tienes deseos de vivir de acuerdo a mi voluntad; por eso no te atiendo y verás las consecuencias de tus acciones.”
Señor, dije: ¿Por qué me dices anuncios tan desastrosos? ¿Quién atenderá y escuchará estos anuncios? ¿Acaso hay hombre, mujer, anciano, joven o niño, que sea capaz de tomarlos en cuenta? ¿Todos son culpables y qué de aquellos que son inocentes? ¿Vas a hacer sufrir a los inocentes? ¿No tendrás misericordia de ellos?
El Señor, continuó diciendo: “Todo está en mi Palabra. Mi voluntad es que todos vivan con dignidad, que sean fieles a mí. Que sigan el camino señalado por mi Hijo Amado, Jesús. ¡Solo así tendrán vida!
Hagan justicia al desvalido, al necesitado, a los que sufren. Devuelvan lo que se han apropiado injustamente. Atiendan a las viudas, a las madres solteras, a los niños abandonados y a los que están en situación de abandono, a los ancianos que mendigan en las calles, a los jóvenes que les han negado orientación y esperanza de vida. ¡Esa es mi voluntad!
Si retornas a mí, si vienes con un corazón sincero y haces mi voluntad; si sigues el camino señalado por mi Hijo Amado, Jesús; entonces, tendrán mi atención y defenderé sus derechos.”
Señor de la vida, te doy gracias por tu Palabra; pero, te pido que perdones a mi pueblo, que envíes a tu Espíritu de Amor para que lo guíe.
Como si fuera un relámpago, puso delante de mí, el Señor, una imagen clara y notoria, era como de una plaza central yen uno de sus lados, hacia el saliente, como una fortaleza hecha de grandes bloques, como de cemento, que se alzaba con gran altura y en las afueras habían muchos centinelas con armas para resguardarla. Su frente era hacia la plaza, pero era separada por un gran muro, el que estaba al poniente de la fortaleza, pero al saliente de la plaza. Por uno de los lados, hacia el norte, vi como una garita, por donde entraba mucha gente y todas eran controladas. Ahí había como una habitación fría e inhóspita, donde se pedían los documentos a la gente y se les entregaba un salvoconducto. Vi que muchos entraban, pero no salían. Hacia el saliente de la fortaleza, que era la parte posterior, la que daba a la ribera de un río, tenía una puerta por donde salían una serie de carros con grandes bultos como bolsas negras; los carros salían rumbo al sur y se perdían en el horizonte.
No había ruidos, todo era en orden y silencioso. Cada uno de los que entraba en la fortaleza, parecía sentenciado; sus rostros reflejaban indiferencia, indolencia y resignación.
También ingresé, pero alguien me dijo que yo no pertenecía a aquél lugar; pues, me hicieron salir. Pero, pude darme cuenta de lo sombrío y frío que era aquél lugar. Era como un lugar de muerte que estaba en el centro del país.
Quiénes se identificaban y caían bien a los centinelas, se quedaban como siervos reconocidos y los que no eran gratos, salían en los bultos como bolsas negras.
El Señor, me dijo, entonces, enseguida: “Esto es lo que hacen los gobernantes, apoyados por los mercaderes y tienen parte también los jueces; se coluden con ellos, los sacerdotes, haciéndose los desentendidos. ¡Ahí está el pecado! Es por eso que digo, que tu mismo gallito de las rocas, has labrado tu porvenir. ¡Mejora! Cambia de actitud. ¡Conviértete! Serás salvo y tendré piedad de ti.”
¡Bendito seas, Señor de la vida! Pongo a los sencillos, a los humildes, a los necesitados,a los justos, a los misericordiosos, a los que son leales a ti, para que los auxilies y protejas. ¡Bendito y alabado seas, Señor!
Amén.
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