CARLOS A. SOTO V. 18/12/2011
Leyendo el Evangelio de Mateo y encontrándome con el pasaje que señalaba el Juicio final, agrega además el autor bíblico, que se acerca el final de Jesús; porque tiene el presentimiento de que es así y porque conoce ciertamente la mente humana y su corazón. Las pasiones, los intereses, las inclinaciones y tendencias que tiene cada persona le hacen ser lo que son. Unos bondadosos y misericordiosos, de buen corazón; otros, malvados y ruines, de malas intenciones. ¡Esta es una realidad!
Jesús sabe perfectamente las consecuencias de su predicación. Conoce lo confrontacional que es la noticia y mensaje que había y estaba transmitiendo. Todo lo hacía según la verdad y de acuerdo al espíritu con que cada cosa es. Señaló sin disfraz alguno, sin posturas diplomáticas, ¡La Voluntad de Dios Padre!
Eso trajo como consecuencia, una serie de reacciones, especialmente para los sacerdotes, quiénes se habían ido asegurando su vida, también se habían hecho poseedores de un espacio y situación de privilegio; porque les brindaba frutos económicos y de poder delante del pueblo. Además, la postura de Jesús, creó temores, revueltas y conflictos con las autoridades y funcionarios romanos.
Jesús, con su vida cuestionó al poder religioso y político-económico, de su tiempo. Eso hizo berrear a los sacerdotes, asustó a los reyes y gobernadores, creó tensiones en el pueblo, desestabilizó los usos y costumbres del pueblo. Sin embargo, con la serenidad y la confianza, la seguridad y la fortaleza de su espíritu, Jesús, anuncia la cena que va a celebrar, indicando cómo será traicionado y llevado a los tribunales; así como, será sentenciado. Esa sabiduría en una persona relativamente joven, desata iras y envidias entre los que habían cometido delitos en contra de Dios, en contra del pueblo, en contra de los pobres, de las viudas, de los huérfanos y de los forasteros. Los que sentían esa desnudez de lo vivido, generalmente, era de parte de las autoridades mayores, los más ancianos; también era de parte de los que tenían muchos asuntos ilícitos e ilegales delante de Dios y que no habían resuelto.
Si ese era el contexto de Jesús; en nuestros días, ¿tenemos situaciones similares? ¡SÍ! Los delitos se han incrementado. Los mismos casos se presentan, aunque se disimulan, tratando de hacer notar que se está bajo la tutela la legalidad y la normatividad vigente. Se disfraza el mensaje cristiano con leguleyadas y “normas morales” acordes con sus intereses.
Ahora bien, ¿Dónde están los seguidores de Jesús? ¿Y los hombres y mujeres leales a Dios, qué es de ellos? ¿Hay? ¡SÍ! Los hay, son pocos pero hay. Ellos todavía no han salido a la luz como Jesús. Todavía no llegó su tiempo, es por eso que no se les ve. Pero, ¿Qué pasa con los “cristianos” que están en los templos, en las comunidades o en las iglesias? Ocurre como en el tiempo de Jesús, que hubieron miles de seguidores, muchos discípulos, doce apóstoles y sólo tres de éstos estuvieron con Él, cuando las “papas quemaban”; aún así, Pedro no negó. ¡Esa es la triste, pero verdadera realidad! Hay muchos que están informados del mensaje cristiano, pero no son conversos. Hay muchos que siguen la tradición familiar, pero les interesa más su propia comodidad y seguridad personal, que el propio espíritu del mensaje cristiano. Hay muchos que reconocen el valor del mensaje cristiano, pero es más importante sus intereses políticos y de poder.
Por tanto, ¡No hay muchos cristianos de verdad! No hay quiénes pongan las cosas claras y del verdadero color que son; como se puede apreciar, resulta duro admitir en pleno Siglo XXI, que a pesar del tiempo, ¡NO HAY AUTENTICIDAD CRISTIANA1
¡Qué hacer entonces? ¡Volver a las fuentes! Hacer oración, leer la Palabra de Dios, pedir a Dios nos envíe su Espíritu de Amor para que nos ilumine e guíe.
Hacer oración, supone tener la disposición, la voluntad, la sencillez para expresar con humildad y sinceridad lo que sentimos, pensamos, soñamos ansiamos y anhelamos. Cuando nos desnudamos delante de Dios, El responde y admite conversar con nosotros. Notarán entonces, que Dios se pone a nuestro lado y nos llena de paz, tranquilidad y deesperanza. Pues, el amor que nos tiene lo hace posible.
La lectura de la Palabra, supone actuar con la sencillez y humildad de vida, al reconocer las enseñanzas y las propuestas que ofrece. Tomar el mensaje, tal como se expresa, aunque sea opuesto a nuestro punto de vista y nuestros intereses. ¡Ese es el sentido verdadero! Para no equivocarnos, pidámosle al mismo Dios que nos ilumine a entender su Palabra, así ¡Encontrarán el verdadero mensaje de amor!
Pedirle a Dios que nos envíe su Espíritu de Amor para que nos ilumine e guíe, supone ponernos en manos de Dios y dejarnos conducir por el Espíritu de Amor. Si nos mostramos dóciles al Espíritu de Amor, nos ayudará a distinguir lo que procede y viene de Dios y lo que no es así. Sentiremos entonces, como que arde nuestro interior, como que súbitamente entró en nuestra vida y nuestro cuerpo un calor indescriptible. Ese calor que no es de carácter físico, sino de otra naturaleza; no trae consigo bochorno y fastidio; sino paz, gozo y la serenidad que necesitamos.
En cierta ocasión, en una comunidad cristiana, por la situación social, además de otros aspectos que se vivía en dicha sociedad; se elaboró un documento a través del que se señalaba la situación de pecado y toda clase de injusticias y abusos, que venían cometiendo el gobernante, sus ministros y funcionarios. En dicho documento, se les solicitaba modificaran su actitud y corrigieran su proceder, propiciando el bien común.
Como el documento debía ser conocido y reflexionado portados los miembros de la comunidad cristiana; uno de ellos, después de leerlo, manifestó: “Yo no estoy de acuerdo, eso es comunismo”. Cuando se le pidió que revisara todos los textos bíblicos y con la serenidad de caso evaluara su apreciación, respondió: “No, de ninguna manera, yo tengo mi partido político, así es que no voy a revisar nada…”
Innegablemente, esta experiencia nos demuestra que anteponemos nuestras ideas, pensamientos, criterios, intereses u opciones, a los verdaderos intereses de todos. El bien común, es un principio bíblico, ¡Es la voluntad de Dios! Si existen coincidencias con determinadas corrientes, doctrinas, ideologías o pensamientos, tenemos que tomarlos en el contexto ñeque se producen los hechos y analizarlos. Por consiguiente, los cristianos debemos tener la apertura, para aceptar el mensaje de Dios, a través de los profetas y de su Hijo Amado, Jesús.
Cristo, nos dejó un legado maravilloso. Nos dejó un mensaje que es vida y que hace felices a todos. Se trata solo de amor y de amar, de tener fe y creer que todo cuanto viene de Dios es real y verdadero, de saber esperar y aceptarlo con alegría. Las comunidades cristianas han enfocado siempre el castigo, lo trágico o lo penoso, como mensaje; éste es fruto de nosotros mismos. ¡Este no es el mensaje de Cristo1 El mensaje de Cristo es alegría, vida, gozo, tranquilidad, paz, serenidad, entusiasmo, ¡ES FELICIDAD! Hacia ello debemos apuntar.
Señor Jesús, ayúdanos a ser felices y vivir plenamente la Voluntad el Padre; te lo pedimos en tu nombre, Señor.
Amén.
Jesús sabe perfectamente las consecuencias de su predicación. Conoce lo confrontacional que es la noticia y mensaje que había y estaba transmitiendo. Todo lo hacía según la verdad y de acuerdo al espíritu con que cada cosa es. Señaló sin disfraz alguno, sin posturas diplomáticas, ¡La Voluntad de Dios Padre!
Eso trajo como consecuencia, una serie de reacciones, especialmente para los sacerdotes, quiénes se habían ido asegurando su vida, también se habían hecho poseedores de un espacio y situación de privilegio; porque les brindaba frutos económicos y de poder delante del pueblo. Además, la postura de Jesús, creó temores, revueltas y conflictos con las autoridades y funcionarios romanos.
Jesús, con su vida cuestionó al poder religioso y político-económico, de su tiempo. Eso hizo berrear a los sacerdotes, asustó a los reyes y gobernadores, creó tensiones en el pueblo, desestabilizó los usos y costumbres del pueblo. Sin embargo, con la serenidad y la confianza, la seguridad y la fortaleza de su espíritu, Jesús, anuncia la cena que va a celebrar, indicando cómo será traicionado y llevado a los tribunales; así como, será sentenciado. Esa sabiduría en una persona relativamente joven, desata iras y envidias entre los que habían cometido delitos en contra de Dios, en contra del pueblo, en contra de los pobres, de las viudas, de los huérfanos y de los forasteros. Los que sentían esa desnudez de lo vivido, generalmente, era de parte de las autoridades mayores, los más ancianos; también era de parte de los que tenían muchos asuntos ilícitos e ilegales delante de Dios y que no habían resuelto.
Si ese era el contexto de Jesús; en nuestros días, ¿tenemos situaciones similares? ¡SÍ! Los delitos se han incrementado. Los mismos casos se presentan, aunque se disimulan, tratando de hacer notar que se está bajo la tutela la legalidad y la normatividad vigente. Se disfraza el mensaje cristiano con leguleyadas y “normas morales” acordes con sus intereses.
Ahora bien, ¿Dónde están los seguidores de Jesús? ¿Y los hombres y mujeres leales a Dios, qué es de ellos? ¿Hay? ¡SÍ! Los hay, son pocos pero hay. Ellos todavía no han salido a la luz como Jesús. Todavía no llegó su tiempo, es por eso que no se les ve. Pero, ¿Qué pasa con los “cristianos” que están en los templos, en las comunidades o en las iglesias? Ocurre como en el tiempo de Jesús, que hubieron miles de seguidores, muchos discípulos, doce apóstoles y sólo tres de éstos estuvieron con Él, cuando las “papas quemaban”; aún así, Pedro no negó. ¡Esa es la triste, pero verdadera realidad! Hay muchos que están informados del mensaje cristiano, pero no son conversos. Hay muchos que siguen la tradición familiar, pero les interesa más su propia comodidad y seguridad personal, que el propio espíritu del mensaje cristiano. Hay muchos que reconocen el valor del mensaje cristiano, pero es más importante sus intereses políticos y de poder.
Por tanto, ¡No hay muchos cristianos de verdad! No hay quiénes pongan las cosas claras y del verdadero color que son; como se puede apreciar, resulta duro admitir en pleno Siglo XXI, que a pesar del tiempo, ¡NO HAY AUTENTICIDAD CRISTIANA1
¡Qué hacer entonces? ¡Volver a las fuentes! Hacer oración, leer la Palabra de Dios, pedir a Dios nos envíe su Espíritu de Amor para que nos ilumine e guíe.
Hacer oración, supone tener la disposición, la voluntad, la sencillez para expresar con humildad y sinceridad lo que sentimos, pensamos, soñamos ansiamos y anhelamos. Cuando nos desnudamos delante de Dios, El responde y admite conversar con nosotros. Notarán entonces, que Dios se pone a nuestro lado y nos llena de paz, tranquilidad y deesperanza. Pues, el amor que nos tiene lo hace posible.
La lectura de la Palabra, supone actuar con la sencillez y humildad de vida, al reconocer las enseñanzas y las propuestas que ofrece. Tomar el mensaje, tal como se expresa, aunque sea opuesto a nuestro punto de vista y nuestros intereses. ¡Ese es el sentido verdadero! Para no equivocarnos, pidámosle al mismo Dios que nos ilumine a entender su Palabra, así ¡Encontrarán el verdadero mensaje de amor!
Pedirle a Dios que nos envíe su Espíritu de Amor para que nos ilumine e guíe, supone ponernos en manos de Dios y dejarnos conducir por el Espíritu de Amor. Si nos mostramos dóciles al Espíritu de Amor, nos ayudará a distinguir lo que procede y viene de Dios y lo que no es así. Sentiremos entonces, como que arde nuestro interior, como que súbitamente entró en nuestra vida y nuestro cuerpo un calor indescriptible. Ese calor que no es de carácter físico, sino de otra naturaleza; no trae consigo bochorno y fastidio; sino paz, gozo y la serenidad que necesitamos.
En cierta ocasión, en una comunidad cristiana, por la situación social, además de otros aspectos que se vivía en dicha sociedad; se elaboró un documento a través del que se señalaba la situación de pecado y toda clase de injusticias y abusos, que venían cometiendo el gobernante, sus ministros y funcionarios. En dicho documento, se les solicitaba modificaran su actitud y corrigieran su proceder, propiciando el bien común.
Como el documento debía ser conocido y reflexionado portados los miembros de la comunidad cristiana; uno de ellos, después de leerlo, manifestó: “Yo no estoy de acuerdo, eso es comunismo”. Cuando se le pidió que revisara todos los textos bíblicos y con la serenidad de caso evaluara su apreciación, respondió: “No, de ninguna manera, yo tengo mi partido político, así es que no voy a revisar nada…”
Innegablemente, esta experiencia nos demuestra que anteponemos nuestras ideas, pensamientos, criterios, intereses u opciones, a los verdaderos intereses de todos. El bien común, es un principio bíblico, ¡Es la voluntad de Dios! Si existen coincidencias con determinadas corrientes, doctrinas, ideologías o pensamientos, tenemos que tomarlos en el contexto ñeque se producen los hechos y analizarlos. Por consiguiente, los cristianos debemos tener la apertura, para aceptar el mensaje de Dios, a través de los profetas y de su Hijo Amado, Jesús.
Cristo, nos dejó un legado maravilloso. Nos dejó un mensaje que es vida y que hace felices a todos. Se trata solo de amor y de amar, de tener fe y creer que todo cuanto viene de Dios es real y verdadero, de saber esperar y aceptarlo con alegría. Las comunidades cristianas han enfocado siempre el castigo, lo trágico o lo penoso, como mensaje; éste es fruto de nosotros mismos. ¡Este no es el mensaje de Cristo1 El mensaje de Cristo es alegría, vida, gozo, tranquilidad, paz, serenidad, entusiasmo, ¡ES FELICIDAD! Hacia ello debemos apuntar.
Señor Jesús, ayúdanos a ser felices y vivir plenamente la Voluntad el Padre; te lo pedimos en tu nombre, Señor.
Amén.
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