martes, 15 de noviembre de 2011

CAMINEMOS HACIA DIOS: Estoy donde está la justicia y el amor

CARLOS A. SOTO V.06/11/2011

La verdad, ¿No se qué hacer, Señor? Me dirijo a ti, para preguntarte, ¿Por qué tanta injusticia? ¿Por qué tanta discriminación? ¿Por qué tanta indiferencia? ¿Por qué tanto dolor y sufrimiento?
Desde anoche (05/11/2011), he sentido hervir dentro de mi lo más duro que uno pueda sentir: ¡Dolor ante el sufrimiento humano! Hay, Señor, tantas personas, sean ancianos, adultos, jóvenes, niños, recién nacidos o por nacer, ¡Qué sufren en este mundo! Por hambre y sed, por enfermedad, por falta de trabajo, por la explotación, porque no se les paga un salario justo. Tú sabes, que yo mismo vivo esta situación y me siento un miserable; pero además, porque se abusa de los derechos de la gente; porque se les utiliza en nombre tuyo, para justificar sus acciones ilícitas e injustas. Bien sabes, Señor, que hoy se habla de democracia, para justificar sus robos o apropiaciones injustas de los bienes de todos los pueblos. Pues en nombre del Estado se justifican negociados y arreglos económicos que sólo favorecen a grupos de poder; en fin tú sabes mejor que nadie, Señor, la realidad. Pero te digo, que lloro de impotencia ante la situación adversa y sin solución. Mi alma grita y gime de dolor
¿A que se debe, Señor, que no escuchas el clamor de los que sufren? ¿Por qué permaneces impasible ante estos hechos? ¿Es que, acaso los que explotan a los pobres y los injustos, son tus elegidos? ¿Tienen los injustos la corona divina? ¿Por qué los pobres siguen siendo pobres y no logran salir de la situación en que viven por muchas generaciones? ¿Por qué no hay solución?
Dios, con la velocidad de un relámpago, a esa velocidad, me dio la respuesta: “¿No te tengo a ti, para que seas la voz de los tuyos? Yo te elegí y te he puesto delante de ellos. Tú no lo haces y no les dices a los pecadores, necios e infieles, lo que estoy reclamando de todos ellos. Te recuerdo, además, que es un pueblo infiel. Me han dado la espalda, no siguen ni buscan mi voluntad. Han construido sus dioses de metal, papel y plástico. ¡Esos son sus ídolos! ¿Acaso no han dado más importancia al dinero, a los documentos valorados, a las máquinas y equipos, a la diversión y la moda, al baile y sus movimientos sensuales, al sexo y a la bebida a las drogas y al delito? ¡Todo eso los aleja de mí! … Todos los hacen
No hay hombre o mujer, que no haya caído en los dominios del placer y la diversión, en todos estos ídolos que ustedes mismos han creado.
También, ¿Acaso no les gusta mandar, tener protagonismo, ser agasajado y atendido, ser celebrado y ensalzado, tener seguidores que les encumbren? ¡El pueblo eligió sus representantes, sus dirigentes y gobernantes Pues, han elegido sus propios verdugos. ¿Por qué me reclaman ahora? El pueblo mismo, a sus deportistas y artistas; muchos de ellos han sido endiosados e idolatrados, son venerados y ensalzados. ¡Ya han elegido a sus modelos! ¿Por qué me reclaman frene los delitos que ustedes mismos han fabricado y consienten?
Este pueblo infiel, ¿Acaso no ha dejado de lado los valores, la moral? Se han dedicado a difundir, ¡Libertad! ¡Libertad! Ahora, son esclavos de su propia libertad. Son reos de sus propias acciones. Con estas acciones, ¿Me puedes decir que no atiendo su clamor, sus pedidos?
Te digo, que los malvados y los insensatos, han disfrazado la mentira y el engaño. Con esa careta, están vejando al pobre, a los huérfanos, a las madres solteras, a los viejos y a los niños.
¡Ay, de aquél, que se ha aprovechado y sacado ventaja de éstos hijos míos! Mejor, es para ellos, ¡No haber nacido! Sus propias acciones les llevarán a su ruina, ¡Será su propia prisión!
¡Ay, de aquél, que se hizo rico engañando a sus hermanos o a su prójimo! Su reino es hueco, no tiene bases sólidas, se va a desmoronar como un castillo de arena y sus hijos arrastrarán las consecuencias de los actos de sus padres.
Los injustos, los malvados, los insensatos son soberbios y piensan que, «Yo estoy con ellos» Te recuerdo, YO ESTOY EN LA JUSTICIA Y EL AMOR.
No estoy en la injusticia y la mentira. No estoy al lado del engaño y la explotación; tampoco al lado de la discriminación; menos en el desempleo y el hambre; ni en la enfermedad y el sufrimiento.
Yo estoy con todos los que hacen mi voluntad. Estoy en la verdad y en la justicia. Les voy a pedir cuentas a todos. Iniciaremos por aquellos a quiénes les di capacidades y talentos, para ver, ¿Qué han hecho con ellos? ¿Cómo han apoyado y servido a sus hermanos? Ellos mismos, ya conocen el resultado y consecuencias. Luego vendrán, todos los que tuvieron menos talentos y evaluaré su administración. Así, llegaremos hasta el último.
Lo que hicieron o dejaron de hacer con las capacidades y talentos, sólo ellos y cada uno sabe, los resultados y consecuencias.
¡Ya conocen su corona! De salvación, de la dignidad de ser mis hijos, los que la merecen e hicieron mi voluntad. De espinas y sufrimiento, de angustia y desesperación, los que no hicieron mi voluntad.
Te digo, además, ¡Benditos aquellos que son pobres y tienen espíritu de pobre1 Les tengo reservada la Corona de la Abundancia. Voy a satisfacer su hambre de fe y hambre de pan. Voy a colmarlos de aquello que le privaron. Voy a atender sus ruegos y estaré con ellos, ¡Si reconocen a mi Hijo Jesús, como su Salvador!”
De inmediato, sentí en mi interior, más tranquilidad y paz. Dije, entonces, ¡Gracias, Señor! Por tu respuesta, ¡Bendito, seas Padre! Aquella angustia, incertidumbre y malestar que tenía, ¡Se ha ido1 Ahora tengo paz y siento que estás mi lado.
¡Gracias Padre, por tu Hijo Jesús! Señor Jesucristo, ¡Gracias por ser mi Salvador. Espíritu de Amor, por ser mi consolador.
Mi compromiso, Dios mío, es hacer conocer este encuentro contigo. Amén

jueves, 20 de octubre de 2011

CAMINEMOS HACIA DIOS: Nuestro Padre no nos olvida nunca

Tal como nos dice Isaías en su Libro Is. 49, 14-16, Dios no se olvida de sus hijos; al extremo, de tenerlos siempre presentes como lo hace una buena madre. ¿Existen malas madres? ¡SÍ! Muchas, en estos tiempos. Se ve cada mujer desnaturalizada, que abandona a sus hijos recién nacidos; en otros casos, los envenenan; también hay quienes los maltratan, y; finalmente, hay quiénes los abortan.
Lo último, que se ha esperado de la naturaleza humana, es que las madres aborrezcan, rechacen, ignoren, maltraten, odien o maten a sus hijos. Estas actitudes, corresponden a la desnaturalización humana. Mujeres con estas actitudes, demuestran el deterioro de la esencia humana. Con ello se ha entrado en la crisis más extrema y radical imaginable.
Dios nos hable, señalando y sentenciando que, aunque hubieran o existieran madres desnaturalizadas; nuestro Creador, no se olvidaría nunca de sus hijos. Tan grande es su amor para sus hijos, que tiene hasta sus nombres grabados… ¡En la palma de su mano!
Esto significa, que los tiene a todos y cada uno, ¡Presentes! Está al tanto, pendiente, informado y atento a cada uno de ellos. ¡QUÉ PRIVILEGIO!
Pero, cada día somos testigos e informados, de una serie de casos que lastiman nuestra sensibilidad, que cuestionan nuestra sociedad y nuestra naturaleza humana. Entre esos casos, podemos anotar los siguientes:
1. Mujeres que influenciadas y cegadas por determinados intereses, les han hecho creer, que ser “una mujer liberada” o tener “libertad de género”, representa o significa, ¡Dar rienda suelta a sus instintos! O, que, ¡Su vida está controlada por su cerebelo! Su cerebro remoto es quien tiene el control. Están haciendo menosprecio de su vida, dando rienda suelta a un descontrolado “libertinaje sexual”. Es incómodo y vergonzoso el conocer que, generalmente, son las mujeres las que insinúan e invitan al apareamiento, hoy en día.
Es posible que algunas mujeres, y; tal vez, algunos hombres, me cuestionen y recusen, señalando que soy exagerado o que me excedo en mis afirmaciones. Pero, ¡No podemos tapar el sol con un dedo!
La prueba está, en que la iniciación sexual, sobre todo de las adolescentes mujeres, se produce entre los once y trece años. He visto casos, verdaderamente lamentables, vergonzosos y hasta escandalosos, como el siguiente:
En cierta ocasión, pasé por la acera del frente de un “prestigioso colegio de mujeres” de Lima. Vi como un grupito de alumnas, de unos trece años, en promedio, estaban paradas sobre el murete de una ventana de un aula. Pues, aunque estaban colgadas, al ver pasar a un adolescente varón por esas inmediaciones, Ellas se levantaron las faldas de sus uniformes, mostrando sus prendas íntimas. Ante tal situación, me acerqué al colegio para decirle a la persona encargada lo sucedido. Así puedan tomar sus precauciones al respecto, vigilando mejor a las alumnas. Lejos de agradecer mi intervención; dicha persona, señaló que estaba equivocado, que tenía visiones y una imaginación extraordinaria. Señaló que sus alumnas nunca se portan mal y no son capaces de hacer algo así.
Como es de esperarse, me retiré frustrado y enojado, por la forma en que actúan ciertas “autoridades educativas”, ¡Negar lo evidente! ¡Defender lo indefendible! Lo dejé ahí. Pasó el tiempo y en otro momento vi un grupo de adolescentes mujeres, que tenían entre 13 y 14 años. Gritaban y daban de alaridos, al ver pasar a dos adolescentes varones. Al parecer eran sus preferidos; observé que les invitaban a una fiesta, otras a salir y también algunas a tener un”vacilón”; además, hubieron algunas, que hablaron de un “choque y fuga”. Cualquier expresión era buena en ese momento. El objetivo, para ellas, era lograr la atención y aceptación de los dos adolescentes varones.
Al parecer, estos, armados de valor y venciendo su timidez, se acercaron. Ellas los rodearon y hablaron de todo, sin parar. Finalmente, acordaron encontrarse en una reunión que habían programado. Pasaron unos días y me enteré que dos de aquellas adolescentes habían “pescado” a los dos adolescentes varones. Ahora, ¡Ya eran parejas! Ellas eran las más entusiastas. Eran las que tenían la iniciativa en todo; ellos, en cambio, eran los “mongos”, los lentos, los quedados, los que accedían a las iniciativas de ellas.
Esto es, ¿Libertad o libertinaje? ¿Dónde está el límite?
2. Hoy en día, en casi todo el Perú, en los hospitales públicos, observamos que se han creado salas especiales, para madres adolescentes. Se debe al gran número de embarazos precoces de adolescentes que oscilan entre doce y quince años. Unos casos son por violación sexual y otros por consentimiento. Estos últimos, son la mayoría de los casos.
Aunque se piense, que mi postura es mojigata o conservadora. Lo que pienso es, que aún no están plenamente desarrolladas, no han madurado, no tienen establecida su personalidad, y, ¡Ya están asumiendo una responsabilidad difícil! Porque, física y psicológicamente, ¡NO ESTÁN PREPARADAS!
Ellas son, aún, proyectos de mujeres, que se han aventurado a asumir un reto, una responsabilidad, para las que aún no están listas, ni preparadas. Esta es la causa, por las que muchas “madres” abandonan a sus hijos. Otra es, cómo enfrentan a una violación sexual; es por eso que, deciden suicidarse, además de, asesinar a sus hijos; no resisten el reto y la vida.
Por otro lado, además, hay que señalar los innumerables casos de aborto. Todos, por irresponsabilidad e inmadurez; por carencia de solvencia moral y escasez de valores; por vergüenza a la presión y censura social, y; por embarazos no deseados (violación sexual).
¿Las madres adolescentes están preparadas para afrontar el rol de la maternidad?
Como ven, amigos, es muy difícil resolver y dar una respuesta satisfactoria a todas interrogantes planteadas. Sólo puedo ofrecer algunas pistas, que contribuyan a mejorar y superar, este grave problema:
a. Promover una Política Nacional sobre la Orientación Familiar, para que los padres de familia, sean re-concientizados y re-socializados; de manera que, sean promotores de vida, salud y educación disciplinada de sus hijos, y; no sean, un obstáculo que mantenga vicios y lastres de su ignorancia e incapacidad de ser padres.
b. Re-orientar los objetivos y procedimientos publicitarios, que promueven el sensualismo y la violencia erótica de sexismo. Tales como propagandas que exhiben a la mujer, como “objeto sexual”, como una vulgar “mercancía”; donde no tiene conciencia ni dignidad. Asimismo, los “concursos de belleza”, en donde se estigmatiza como paradigma “la armonía y perfección física” de la mujer; pero, en ningún momento se prioriza sus talentos; capacidad intelectual, sus valores y solvencia moral; su participación en acciones comunitarias y de bien común; su producción al servicio de la comunidad y sociedad en general. Es necesario erradicar la difusión de la mujer plástica, como elemento de uso y abuso, que no solo atenta contra la dignidad de ella misma, sino contra la dignidad de toda la humanidad.
c. Desarrollar políticas integrales de educación sexual, que contemplen:
i. Conocimiento integral de su cuerpo (físico) y su aspecto mental (psicológico) con todas sus funciones y potencialidades.
ii. Conocimiento integral de los derechos y de las obligaciones o responsabilidades de los adolescentes.
iii. Promover la reorganización total del “Poder” Judicial y el Ministerio Público, que conlleve a la renovación de sus cuadros de personal; de manera que, exista mayor celeridad en la aplicación del derecho y de las normas vigentes; en resguardo de la ciudadanía y de la sociedad en conjunto. Es importante, replantear la elección de sus miembros, sean los vocales y jueces, secretarios y asistentes, etc. Todos por una triple votación, que urge y necesita ser más transparente y cristalino el ejercicio de sus funciones, porque por medio de ellos, dependen las honras, la vida de personas. Así, pues, su elección debe considerar: a) La elección en los Colegios de Profesionales, b) La elección en las Facultades Universitarias, y c) Por elecciones generales en toda la República. De no hacerse así, ¡NO SON PODER DEL ESTADO! De seguirse, como hasta ahora, es causal de violación y trasgresión de los derechos de la ciudadanía, especialmente de mujeres y niños.
iv. Promover y establecer la reestructuración total y absoluta de la Programación Educativa a nivel nacional; en todos sus niveles y modalidades; en la escuela pública y privada. Que considere aspectos y conocimientos; hábitos, usos y costumbres; desarrollo tecnológico y científico. Tanto de nuestro acervo cultural, como sociedad; así como, de la modernidad y adecuación a los signos de los tiempos. Además, replantear el aporte y contribución multidisciplinario en el quehacer educativo.
v. Realizar un reordenamiento jurídico, que actualice, simplifique y haga expeditivo el uso de la normatividad; para la aplicación del derecho, de todos los ciudadanos que viven en un Estado de Derecho. Incinerándose toda aquella norma, que viola, que vulnera, que atenta y que inmoviliza a la ciudadanía; de manera que, no promueva la evasión de la pena, sanción o sentencia de los que delinquen.
Esto, tal vez sea, una forma de mejorar la calidad de vida de los actuales ciudadanos. Sea, elevar la dignidad y respeto a la mujer. Sea, valorar la vida, respetándola.
En este contexto, Dios Padre, tomará en consideración el esfuerzo de nuestra comunidad, de tratar, al menos, ¡Vivir de acuerdo a sus principios y voluntad!
Ahora, dirige tu mirada a tu familia y evalúa: ¿Qué valores tienen? ¿Cómo respetan a las mujeres? ¿Cómo valoran a los adolescentes y menores? ¿Qué hacen para no maltratar la dignidad de las mujeres? ¿Qué evidencias de amor existen entre ustedes?
Respondiendo estas inquietudes, dirígete al Padre, háblale de tus proyectos, de tus deseos de enmienda y mejora. Hazlo en el nombre de Cristo… Pero, hazlo con tus palabras, con tu sentir, con toda tu integridad.
Amén.

viernes, 14 de octubre de 2011

CAMINEMOS HACIA DIOS: La sangre de Cristo es sanadora

Reconozco que tengo tanto por reparar, por mejorar, por pedir perdón, por sanar. Así como han pasado los días que he vivido; así también, he cometido errores. No he cumplido con los mandatos de Dios. Lo lamentable es, que lo he hecho, sin proponerme hacerlo; pero, es grave que, aún conociendo las leyes de Dios, ¡Ahí está mi pecado!
No sólo debo admitir, que he pecado en muchas ocasiones; sino que, ¡Me arrepiento de ello! ¡Me siento avergonzado de no haber sido leal! He intentado reparar y buscar la reconciliación con Dios; sin embargo, hay cuestiones que no he podido resolver. Sea por falta de oportunidad, de recursos, de medios, de condiciones, de voluntad. El resumen es, ¡Soy débil! ¡Soy humano! Reconozco mi condición, ¡De pecador! ¡Necesito Ayuda!
Viene a mi mente, como un latigazo que azota mi cara. Jesús hablándome directamente: “Yo, pagué tus faltas, tus errores, con mi sangre”. De inmediato, recordé su entrega y sacrificio; por eso expreso, ahora:
“Señor Jesús, reconozco que soy pecador, que a pesar del tiempo, del conocimiento… ¡Sigo fallando! ¡Sigo siendo débil! ¡Fracaso ante la tentación!
Soy consciente, de mis faltas de amor, de honestidad, de sinceridad, de honradez, de lealtad y de pureza.
Me lamento de haber actuado así. Me siento un miserable, un ser repudiable, por no saber apreciar tu inmenso amor. ¡Perdóname, Señor! Me arrepiento de mis faltas, errores y pecados. Ahora, no sólo te pido tu perdón; sino, ¡LA SANACIÓN, LA LIBERACIÓN Y LA PURIFICACIÓN!
Señor Jesús, me pongo delante de ti, me hinco y me pongo a tu entera disposición. Deseo que una gotita de tu sangre, la más pequeña de todas; tal vez, la salpicadura de una gotita de tu sangre, que haya caído en el calvario, ¡Me la ofrezcas!
Esa pequeñísima muestra de tu sangre bendita, me sea útil. Para sanarme, liberarme y purificarme. Esa pequeñísima muestra de tu sangre, es tan; pero, ¡Tan valiosa! ¡Más que toda la humanidad!
Te pido que fluya, por mi torrente sanguíneo; partiendo por el corazón y se vaya impregnando en los ventrículos y aurículas. Luego, que vaya recorriendo por la aorta; llegue a los pulmones y desde ahí se traslade al cerebro y cerebelo. Que toque los órganos visuales y auditivos. Que recorra las fosas nasales e ingrese al aparato digestivo, vaya por la boca, la faringe, la laringe, el esófago, el estómago e intestinos. Que en su trayecto, no descuide todas las glándulas. Asimismo, que recorra los órganos internos, el hígado, páncreas, vesícula, riñones, vejiga, aparato reproductor. Acuérdate también, de nuestras extremidades, brazos y manos, piernas y pies. Ahora, Señor, que todos los vasos capilares, vasos sanguíneos, los músculos y huesos, sistema nervioso y cartílagos, cada átomo y molécula, cabellos y uñas; así como, todo mi cuerpo sea inundado, por esa sangre preciosa.
Jesús amado, gracias por dejar fluir, tu preciosa sangre, en mi ser. ¡No merezco tal bendición! ¡Eres lo más maravilloso y único que conozco! ¡No hay nadie más generoso, bueno y amoroso, que tú! ¡Bendito seas!
Finalmente, Señor, ya que has tocado mi cuerpo totalmente. Ahora te pido, que esa muestra de tu sangre preciosa, recorra mi espíritu. Que ingrese en mi conciencia, mi subconsciente e inconsciente. Que también, recorra mi mente, mis pensamientos, mis recuerdos, mi memoria, mis sentimientos, mis emociones, mi personalidad, mis hábitos, mis costumbres e ideas. Que fluya y vaya impregnando tu presencia, de manera que sane, libere y purifique mi ser.
Que sane mi cuerpo y pueda con él, ofrecer mi testimonio de tu gran amor; para que pueda transmitir tu mensaje de Salvación; como un obrero, en la construcción de la Civilización del Amor.
Que libere mi cuerpo, de enfermedades o males, que me impiden desarrollar mejor mis capacidades, a tu servicio.
Que purifique mi cuerpo, para ser una constante ofrenda a tu servicio y a los demás.
También, que sanes mi espíritu del sufrimiento de las necesidades extremas, de mis errores y fallos; que liberes mi espíritu del pecado y de todo aquello que me aleja de ti; que purifiques mi espíritu y mi conciencia. Es decir, todo mi ser, para mostrar tu rostro que reflejas en cada uno de los Hijos tuyos.
Señor, no sé cómo hablarte. A veces, siento que soy torpe y me equivoco; que no sé como expresarte lo que siento en mi interior. Por lo general, ¿Sabes? Creemos que sabemos hablarte; pero, somos limitados, no tenemos la habilidad para hacerlo. Porque, no describimos correctamente, por ser finitos; sin embargo, Señor, siento que aún así nos comprendes. Señor, ¡Tú eres maravilloso! ¡Inmensamente bueno y generoso!
Quisiera terminar, diciéndote, Señor, que estoy eternamente agradecido, porque al expresarte lo que soy y siento; creo o me parece, que de alguna manera, ¡Alguien necesita de ti! Si, yo puedo ser el mediador, la voz de esperanza, ¡Estoy a tu disposición!
Bien conoces, Señor, mis necesidades materiales y espirituales. Las pongo delante de ti. ¡Ayúdame a cumplir con mis compromisos! Pon delante de mí, a quién o quiénes sean los mensajeros y protectores que contribuyan en la difusión de tu Evangelio. Que éste ¡Sea vivo, eficaz y esperanzador!
Padre amado, me inclino ante ti, me postro ante tu magnificencia, y; te imploro me atiendas; lo hago, en el nombre de tu Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo.
Gracias Padre, por escucharme, por atender mi pedido, por darme respuesta. Por tu gran amor incomparable.
Gracias Jesús, Por tu amor y entrega, por enseñarnos a tener fe. Gracias por aumentar mi fe.
Gracias Espíritu de Amor, por alimentar mi amor, mi fe y acrecentar mi esperanza.
Gracias, Dios mío, por ser, ¡Todo para mí!
Amén.


CAMINEMOS HACIA DIOS: ¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él?

Hacen tres semanas me preguntaba, ¿Vale la pena escribir y publicar estas vivencias? Me respondía a través de las razones expuestas en ese momento. Pero, algo más importante que el solo hecho, de dar a conocer los encuentros y experiencias de vivir lo que nos ofrece Dios; es, ¡Dar testimonio de su amor! ¡Hacer conocer su mensaje! ¡Dar signos de Esperanza!
Durante, esta última semana, me ha tocado volver a vivir situaciones, ¡Qué creí haber superado! Para ser exactos, éste Martes, último, salgo de mi casa, como a las 3 de la tarde, y, ¡Vaya usted a saber! La sorpresa que me doy. Los vecinos de al lado, estaban limpiando su casa y todas las cosas inútiles, tales como retazos de vidrios, maderas apolilladas, cajas viejas, costales llenos de desmonte y tierra, etc. ¡Lo habían tirado en mi frontis! Vaya, ¡Qué malestar! No es la primera vez que lo hacen. Tienen la costumbre de barrer o limpiar su casa; luego, arrojan la basura a los frontis de las casas de los vecinos.
Cada vez que se les reclama su proceder, ¡Se niegan! Además, responden groseramente y con amenazas de agresión y violencia.
Mi primera reacción, fue enojarme y luego reclamarle a uno de ellos. Su respuesta fue, como lo dije antes, ¡Negar los hechos!
Ponerse a discutir con ellos, ante lo evidente, ¡Es perder el tiempo! ¡Es maltratar al espíritu! ¡No tener paz1 Por último, ¡Llenarse de ira! En buena cuenta, apagar el Espíritu de Amor, en nuestras vidas.
¿Es correcta la actitud que asumí? ¡Podría pensarse que no! Pero, tendrían que compartir la vida, con tantas personas, como ciudadanos y días existan; para que comprendan mi actitud.
Después de ponerme en oración y pedirle a nuestro Señor Jesucristo, me conceda la paz interior, ¡Qué tenga tranquilidad, que no me irrite ni me enoje! Así como, que estas personas cambien de actitud y la mejoren, por su propio bien. Por fin ¡Tuve paz!
Dos días después, he visto, para mi sorpresa que, ¡Limpiaron todo! En otras ocasiones, la basura o cualquier desecho sólido, orgánico o inorgánico, lo dejaron ahí tirado, como dije, en los frontis de las casas de los vecinos. De manera que, los vecinos afectados, Tenían que limpiar sus frontis. Esta vez, no ocurrió así Fue, entonces, que vino a mí la siguiente pregunta: “Dios mío, ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?”
Si queremos obtener respuestas, ¡Hay muchas en la Biblia! Tenemos las de Job, Tobías, Jeremías, Isaías, Éxodo, los Evangelios, etc. Cada una tiene algo que decirnos, algo que enseñarnos.
En mi caso, considero que la respuesta más apropiada está en el Libro de los Proverbios, 30, 5ss.
“[5] Las palabras de Dios pasan cualquier prueba, son un escudo para los que confían en él. [6] No agregues nada a sus palabras: te reprendería y te demostraría que mientes. [7] ¡Dos cosas te pido, Dios mío, no me las niegues hasta el día de mi muerte: [8] aleja de mí la falsedad y la mentira, no me des ni pobreza ni riqueza. Dame sólo mi ración de pan. [9] Porque con la abundancia podría dejarte y decir: "¿Pero, quién es Yavé?" Y en la miseria podría ponerme a robar: lo que sería deshonrar el nombre de mi Dios!”
Inmerso en este hermosos texto, podemos rescatar lo que, nos hace individuos, lo que nos hace hombres o mujeres, lo que nos hace personas e hijos de Dios. ¿Cuál es la diferencia? ¡Muchas, son las diferencias!
Para ayudarnos a entenderlo, diremos que en un primer nivel, el remoto, se encuentra nuestra animalidad. Está gobernado por nuestros instintos, tales como el de supervivencia, el sexual, el de protección, entre otros. Es, entonces, por esta razón que se delinque, se mata, se es violento, agresivo, se viola sexualmente, se roba. ¿Tenemos calidad humana en este nivel? ¡NO! Aquí, generalmente, somos irracionales. No medimos las consecuencias. En ocasiones eso es lo que prima y no podemos controlarlo.
El segundo nivel, corresponde a un grado superior al de la animalidad. Pues, aquí fundamentalmente, nos diferenciamos de los animales. Al menos, somos pudorosos, tratamos de controlar nuestra agresividad, intentamos llevarnos bien o coparticipamos con nuestros congéneres, al menos respetamos a los que por lo menos piensan como nosotros. Si bien, es posible, no dar rienda suelta a nuestros instintos; al menos, no es tan descarado o evidente, como en el primer nivel.
El tercero, se refiere a la calidad humana. Es donde la razón se impone a la pasión, los criterios y valores a los instintos. Es decir que, la persona adquiere una categoría superior, en donde hay y existe, un gran desarrollo: moral, de dominio de sí mismo, intelectual, de personalidad. Todo esto se evidencia en, su pensamiento integral, en sus habilidades, creatividad, ingenio, aptitudes. En este nivel, se encuentran todos aquellos que han destacado, ofreciendo sus capacidades en beneficio de la humanidad y del cosmos.
Es importante señalar, ¡NO SE TRATA DE TENER Y POSEER BIENES MATERIALES! Se trata, entonces, de calidad humana, poseer un conjunto de valores humanos. De estas personas, hay muchas en el mundo. Las encontramos en la cotidianidad de la vida, y no siempre, en los periódicos, revistas, TV, radio, etc. Estos no necesitan de publicidad, para contribuir con la humanidad.
Finalmente, el cuarto nivel, corresponde a todos aquellos, que por la libre decisión de aceptar el Bautismo, o la identificación plena y absoluta de ser considerado Hij@ de Dios, asumen esta condición. ¿Qué pasa con estas personas? Pues, si bien es cierto que tienen y poseen todos los niveles anteriores y como no pueden prescindir de ellos; sin embargo, existe algo, que no tienen los demás: Es la capacidad de amar, de tener fe en Dios y en los demás, de vivir en la esperanza de la salvación.
Para todo esto, se deja conducir por el Espíritu de Amor; de manera que, es capaz de: Distinguir lo que procede o no de Dios; tener control y dominio de sí mismo en sus instintos y emociones; ser solidario y buscar el bien común; obrar con justicia, siempre; promover apoyando la paz y la armonía entre todos. En suma, es la perfectibilidad de la creación de Dios.
Ahora bien, a partir de lo expresado, podemos ubicarnos y saber a ciencia cierta, ¡EL NIVEL QUE NOS CORRESPONDE!
Aquí no se trata de estigmatizar a unos y elogiar a otros. Se trata de ser equilibrados y justos. Por eso, es importante, ser honestos con nosotros mismos, ser capaces de autoevaluarnos y ser lo más sinceros posible, en admitir nuestra condición real.
En ocasiones se afirma, “A mayor educación, mayor calidad de persona”; en otras ocasiones, se dice: “Ser profesional, hace mejores personas”. La verdad es que, las dos afirmaciones, en general, no los hacen ubicarse siquiera en el segundo nivel. Hemos sido testigos, que las violaciones de las leyes y normatividad de una sociedad, las buenas costumbres, los valores humanos; son realizadas por profesionales, gente de “buena familia” o de “buena posición económica y social”. Por tanto, la capacitación, preparación o instrucción adquirida, ¡NO HACE PERSONA A NADIE! La calidad humana, se logra y hace por los valores inculcados en la familia, por la sensibilidad para con los suyos y todo el cosmos.
Los acontecimientos que hoy en día, se viven en todo el planeta, tales como la violencia en medio oriente, en Europa del Este, entre los africanos, las tensiones y conflictos que existen internamente en América del Sur, etc. ¿En qué niveles se les ubica a estos? ¡EN EL PRIMERO!
Porque lo único que han hecho es, ¡MATARSE UNOS A OTROS! Lo peor de ello es, la condición más remota y primitiva de la naturaleza humana, la tienen los que ordenan dichas matanzas y guerras. Sean estos, gobernantes, autoridades, empresarios, políticos, militares, o quiénes sean. ¡ESTOS NO SUPERARON EL PRIMER NIVEL! Aunque justifiquen sus acciones, con el derecho sea institucional o internacional, o de la naturaleza que sea. Cabe entonces, preguntarse, ¿Cuánto vale una vida?
¿Acaso una disculpa? ¿Una cantidad de dinero? ¿Un dispositivo legal? ¿Un tiempo en la cárcel? ¿Otra vida?
Ninguna respuesta, en base a lo dicho, podrá devolver la vida a nadie. La pérdida de una vida humana, ¡ES IRREPARABLE! ¡ES INSUSTITUÍBLE! Porque, no hay manera de reemplazarla, de hacerla, de crearla. Todas las personas tienen un gran valor, por el hecho de ser humanos y estar vivos. Esto es, desde el momento de la concepción.
La destrucción de la vida, sea por el o los motivos que sean, envilecen a quiénes la propiciaron y los que la ejecutaron.
La vida, es un DON DE DIOS. Este don, fue dado generosamente a las personas, para que compartieran la vida y el cosmos, a fin de desarrollarlo, beneficiándose todos de él.
Entonces, ¿Qué podemos hacer?
Padre bueno, ahora me pongo delante de ti, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, para que me escuches y me ayudes a ser mejor persona. Te pido, me enseñes descubrir la misión que tengo en la vida, lo que debo hacer; perdona los enojos y resentimientos que he tenido; también, si he causado daño o perjuicio a otros; si he maltratado o he sido agresivo y violento; si me he dejado influir por mis instintos, ¡Sáname, Señor!
Te pido que, llenes de amor esas heridas, para que tenga paz y tranquilidad, paciencia y bondad, tención y cuidado de mis hermanos, control y dominio de mi mismo. ¡Bendito seas!
Gracias, Padre Amado. Gracias, Señor Jesucristo. Gracias, Espíritu de Amor.
Me siento complacido, porque has respondido y correspondido mis deseos e intenciones. Me pongo a tu disposición, Señor.
Amén.

martes, 20 de septiembre de 2011

CAMINEMOS HACIA DIOS: ¿De quién es el pecado?

Han sido tantas e innumerables las experiencias que he tenido a lo largo de mi vida. Unas buenas, otras malas; unas gratas y otras lo contrario; de diferentes formas, estilos, objetos, etc. Solo con decirles que puedo afirmar: ¡Cada día de mi vida he tenido una experiencia diferente! Aunque al parecer sean del mismo estilo, objeto, procedimiento. Por tanto, Eso nos indica que cada día es diferente, y; es posible, como ejemplo, que podamos ver la misma película de cine en varias ocasiones, pero, cada ocasión, será vista, analizada e interpretada de manera distinta. Se debe a nuestros sentimientos, estados anímicos, contexto, etc., los que de alguna manera influyen en nuestra percepción de la misma.
En base a lo dicho arriba, ahora quiero compartir con ustedes lo sensible que me puse, cuando hace unos meses atrás, me dijeron que la hija de una pareja muy joven, ¡Se encontraba con cáncer! La niña de unos cuatro años, vivía con un problema de salud, muy, pero muy grave.
Cuando me enteré del hecho, sentí en mi interior, una serie de emociones, y experimenté lo que cualquiera hubiera sentido, ante este hecho. Lo tomé como una noticia, ¡Sin que me afectara personalmente! Como suele suceder, expresé la tan acostumbrada frase: ¡Qué pena! ¡Cuánto lo siento! Expresiones y pensamientos hipócritas, tan diplomáticos, que a la verdad, muchas veces, ¡No lo sentimos!
Pasaron algunas semanas, pues sin conocer a la niña, ni a la madre, hice oración y le pedí al Señor Jesucristo que sanara a la niña, o que al menos mostrara a través de su caso, lo que él quería enseñar a sus padres, familiares, amigos y sociedad. A la niña la han evaluado muchos especialistas y, los médicos tratantes en “un país desarrollado”, le han dado esperanza de vida. Ya no le realizan la quimioterapia. La llevan a su control cada dos meses. Ha recuperado su cabello. Se le ve muy saludable.
Pues, verán, ¡Me sentí muy alegre por su recuperación! He alabado y bendecido a Dios por la salud de la pequeña. Le he agradecido por su bondad y misericordia. Pero, tengo un pensamiento y con éste, una interrogante que me ha venido acompañando desde que me informaron de su situación y enfermedad: ¿Por qué la niña tiene cáncer? ¿A qué o a quiénes se debe este problema de salud en una niña? Como en el caso descrito, en el Evangelio de San Juan, acerca del ciego de nacimiento, ¿Es el pecado de la niña, de sus padres, familia o de la sociedad?
Dios tiene una respuesta para cada caso, para cada persona. He tratado de comprender este hecho real… La verdad, ¡NO LO ENTIENDO! Podría ensayar muchas explicaciones lógicas que respondan a mis propias interrogantes. Pero, creo que, ¡NO ME LLEGARÍAN A SATISFACER!
La respuesta, ¿Dónde está? ¿Qué es lo que Dios quiere de mi en este contexto? ¿Qué debo hacer? A mi modesta manera de ver los acontecimientos, es que debemos considerar, todos los elementos que conllevan a la enfermedad de la niña y su aparente sanidad o estado saludable.
El primero de los elementos, la familia y sus antecesores de la niña, evidencian una excelente posición y situación económica. No tiene ningún apremio, porque no tienen necesidades materiales. Tienen suficientes recursos económicos, como para alimentar y sostener, tal vez, algunas miles de familias, ¡Por toda su vida! Es decir, ¡SON RICOS!
La niña nació y ha crecido en medio de la mejor atención, alimentación, cuidado, etc., ¿Qué ha fallado, entonces? ¿Será una cuestión genética? ¿Tal vez algún descuido involuntario de la madre durante la gestación?
La respuesta es, que aparentemente, esto no puede ser ni genético, ni descuido de la madre, porque tiene otros tres hijos. Uno mayor que la niña y dos menores que ella, ¡Todos sanos!
El segundo elemento, los sentimientos, temperamento, actitudes. En buena cuenta, la personalidad de los padres y antecedentes familiares. Observando el desenvolvimiento de la familia, especialmente de los padres, solo puedo hallar lo siguiente: La madre es de las personas que no puede ser capaz de levantar y llevar consigo un maletín, ¡Una bolsa! Ella exige, que su personal lo haga por ella. No sería tan malo, si al menos, lo pidiera con dulzura o buenas maneras. Ella lo exige con voz autoritaria, y muchas veces, con tono despectivo, quizás queriendo demostrar calidad.
No es capaz de salir de paseo con sus hijos, o estar un momento como madre, sola con sus hijos. ¡Siempre depende del personal de apoyo! Sus expresiones, en ocasiones, son muy duras y poco amables para su personal. No evidencia que enseñe a sus hijos que sean educados, que saluden a los demás, que pidan un servicio con cortesía. Los niños, nunca saludan y expresan las mismas palabras con tono autoritario y despectivo de la madre. ¿No será acaso, ésta la posible causa?
¡Quizás, sea así! Dado que son sentimientos que van alimentando bien o mal nuestro espíritu. Recordemos, también que, la influencia genética o espiritual se transmite desde y hasta la cuarta generación, sea ascendente o descendente.
El tercer elemento que he considerado, ¡No tienen ningún vínculo o experiencia de fe conocida! Tal vez tienen alguna tradición religiosa, pero... ¡No participan de ninguna Celebración Religiosa! Me parece que, sólo tienen a un dios: ¡SU BOLSILLO! Pues, como no han sufrido necesidad económica alguna, no han sufrido por hambre, desempleo u otra necesidad básica, es decir que no han tenido urgencias económicas; tal vez, por eso, ¡NO HAN NECESITADO REALMENTE DE DIOS!
No he percibido el más mínimo interés por dar testimonio de fe en Dios… algún acercamiento, algún signo. La verdad, ¡NADA!
Por consiguiente, ¿Será, tal vez, éste el elemento causal de la situación de la niña? ¡SÍ! Pienso que sí. Es un elemento importante, para entender la naturaleza de la enfermedad y lo que Dios desea mostrarles a esta familia y a la sociedad, ¡PARA SU SALVACIÓN!
Ahora bien, de los tres elementos anotados, ¿Es malo ser rico? ¡No! Lo malo es no saber compartir lo que se tiene, con los que no tienen nada. ¿Cómo compartir? Estableciendo procedimientos y estrategias, que contribuyan a que los necesitados, no sean dependientes de una limosna; a que no se acostumbren a lo fácil; a que no se estimule el ocio y la vagancia. En suma, creando fuentes de autosostenimiento económico y desarrollo personal.
Algo más, también conviene señalar, sí es malo, la forma de obtener la riqueza, cuando es ilícita. Un día mi hija me escribió un mensaje, que decía: “DETRÁS DE UNA RIQUEZA, EXISTE UNA MENTIRA” ¿Cómo entendemos esto? Nadie que tenga bienes o riqueza, los ha logrado como fruto de su trabajo, ahorro; ojo, ¡La mayoría! Las han obtenido, beneficiándose con engaños, mintiendo, estafando y aprovechándose de los demás. Inclusive se ha hecho uso de leyes y normas que favorezcan la propiedad de esos bienes o riqueza obtenida. La acumulación de riquezas, en muchos casos, ha generado, también en muchas personas: ¡Dolor, pesar, tristeza, pobreza, miseria, hambre, enfermedad y muerte! En suma, ¡INJUSTICIA!
Estos males que ha generado en tantas personas, ¡Dios, no lo ha ignorado! ¡Los tiene presente! Por esa razón, habla Jesús, al joven rico, diciéndole que venda todo y lo entregue a los pobres. Por tanto, si no se sabe administrar la riqueza, es decir obtenerla lícitamente y compartirla, es probable que afecte nuestro espíritu.
Por otro lado, ¿Es malo ser autoritario, despectivo o tener formas y posturas descorteces para tratar o relacionarnos con los demás? ¡Sí! Definitivamente, tenemos que tratarnos como hermanos. Con respeto, con dignidad, de buenas maneras. Tratar mal a las personas, causa sufrimiento y alimenta resentimientos, rencores y odios. Estos sentimientos, afectan nuestro espíritu. No podemos ir por la vida despreciando y tratando mal a las personas, aún cuando las tengamos como nuestros empleados o a nuestro servicio. El hecho de que trabajen para nosotros, no significa que debemos agraviar su dignidad y atropellar sus derechos. Debemos exigir que cumplan con sus funciones y obligaciones de la manera más eficiente, pero no podemos arrasa su autoestima y dignidad.
San Pablo, en sus cartas a los Gálatas y a los Corintios, nos presenta la forma en que se ahoga y asfixia el Espíritu de Amor en nuestras vidas. De manera, que tal como él mismo señala, el templo de dicho Espíritu se convierte en un elefante blanco, porque el Espíritu de Amor, no puede morar en sus templos, debido a la forma en que se le ha asfixiado, con la acumulación de sentimientos y emociones negativos.
Finalmente, ¿Afecta nuestra vida, si ignoramos o no tomamos en cuenta a Dios? ¡Sí! Lo primero es, que somos ingratos, es decir desleales e infieles, porque omitimos lo importante que es, ¡Reconocer y agradecer el DON DE LA VIDA que procede de Dios! Sin este valioso don, ¡NO SOMOS NADA!
En segundo lugar, ignoramos un principio valioso: Amar y honrar a Dios en todo momento y celebrar sus fiestas, o los días en que es importante rememorar su presencia y lo que ha hecho por nosotros. No hacerlo, representa, como en el caso anterior, ¡Ingratitud!
En tercer lugar, representa decirle a Dios, que no queremos saber de él. Porque nos sentimos seguros de nosotros mismos, de nuestras capacidades y potencialidades. En buena cuenta, le decimos que, ¡NO LO NECESITAMOS! Demostramos con esto, ¡AUTOSUFICIENCIA Y SOBERBIA!
Como pueden observar, en el caso de la niña, hay cuestiones que Dios nos ha ido aclarando, para entender estos hechos y lo que nos ocurre en la vida cotidiana:
1. Es importante no generar sentimientos y emociones negativos en los demás; porque ellos son una cuenta, que tarde o temprano la tenemos que cancelar nosotros o nuestros descendientes.
2. Necesitamos reconciliarnos con quiénes les hemos causado dolor, sufrimiento o les hemos arrebatado algún bien o propiedad, o quizás les hemos engañado y nos hemos aprovechado de sus capacidades. Recordemos que toda reconciliación para ser completa o total, debe estar acompañada de la reparación correspondiente.
3. Debemos reconocer, que nuestro Padre Amado, nos ha dado la oportunidad de vivir en su creación, en su obra; nos ha ofrecido a su Hijo Amado, para que nos enseñe el camino de la felicidad, y; nos ha enviado al Espíritu de Amor, para que nos ayude a vivir en plenitud, este reconocimiento y alcanzar la salvación, por acción y obra del Hijo Amado.
¿Qué desea Dios, que yo realice en el caso de la niña? Lo único que se hacer… ¡ORAR! Pedirle al Señor de la Vida, que ilumine la vida de sus padres y la vida de la niña; también que toque los corazones de sus familiares y les muestre el Camino de Salvación. Para ello, que envíe nuestro Señor un mensajero, para que esta familia, encuentre el camino a seguir.
¿Qué podemos hacer todos los demás? ¡Acompáñenme todos!
Padre Santo, tú conoces y sabes lo que somos. Tú sabes lo que sentimos y pensamos. Sabes, ¿Cuáles son nuestras intenciones? Por eso mismo, ¡Ayúdanos! A descubrir aquello que puede estar afectando la salud y bienestar de mis hijos o de mis familiares; para que al poder reconocerlo, ¡Lo sanes, en el nombre de nuestro señor Jesucristo! Y, con la ayuda, consuelo, apoyo y soporte del Espíritu de Amor.
Gracias Padre Amado, porque sé y creo que has atendido mi oración. ¡Bendito seas! ¡Glorificado sea tu nombre! ¡Alabado sea mi Dios! ¡Aleluya! ¡Grande, grande es tu misericordia! ¡Te amo Dios mío!
Amén

CAMINEMOS HACIA DIOS: Sanemos nuestros sentimientos mejorando la vida

Tengo muchas cosas que debo sanar en mi vida… Son tantas, ¡Cómo los días que he vivido! Esto es lo que el ser humano tiene que hacer: Vivir plenamente, pero sin atentar contra sí mismo, ni contra los demás. Esto significa vivir plenamente en la presencia y guía de Dios.
Siguiendo en esa maravillosa relación de mi intento por vivir plenamente la experiencia de la presencia de Dios, en mi vida… y, al tratar de corresponderle al bello regalo de la vida, que me da gratuitamente, me pasó un incidente, que desde luego es interesante yno deja de ser importante, como para poder hacer la reflexión de hoy.
Una pequeñita de unos cinco años aproximadamente, me preguntó: “¿Cómo te llamas?” Le respondí, dándole mi nombre. Su comentario me dejó extrañado, porque afirmó,”¡Qué feo es tu nombre!”
Esta afirmación, me ha dado vueltas en mi mente, sin encontrar explicación sobre las motivaciones o sentimientos que ha tenido y tiene la pequeña. Sin embargo, quisiera especular a partir de esto. Desde hace más o menos dos décadas en el Perú, se ha venido enfatizando mucho sobre la autoestima y la asertividad en los menores de edad. Maestros, psicólogos, sociólogos, antropólogos y otros tantos profesionales más, han venido insistiendo en este tema, para fortalecer el espíritu caído o alicaído de nuestra población. ¿Será cierto, entonces, que somos acomplejados y tenemos una personalidad frágil o disminuida?
Puede ser que sea cierto, si tomamos en cuenta experiencias dolorosamente frustrantes y determinantes de cómo se destruye la dignidad de los hijos de Dios. Recuerdo como si fuera hoy, que en mi primer año de estudios en la escuela pública, algunos compañeros de estudios, me pusieron varios apelativos, acerca de mi miopía. Claro está que, encima se burlaban, de manera muy exagerada. Esto generó en mí, sentimientos de temor, vergüenza, limitación o incapacidad. Estos sentimientos, me han acompañado a lo largo de mi vida y me han tenido atado; de manera que, no he sido libre para expresarme como cualquier persona.
¿Cuánto me afectó ese maltrato y poca sensibilidad de mis compañeros de estudios? ¡Muchísimo! La dimensión de ello se puede deducir al mencionar algunas vivencias. Cuando tenía más menos catorce años, fui invitado a participar en un grupo parroquial de jóvenes. Cuando el asesor, me invitó a presentarme a los demás, ¡Me moría de vergüenza! Afloró en mí, como catarsis, todo lo vivido desde niño, recordando las burlas de los demás. Más grave fue, cuando me tocó la primera vez hacer la lectura bíblica en la Celebración Dominical (Misa). Sudaba, enrojecía, se me apagaba la voz, me temblaban las piernas. Ni qué decir, se me nublaba la vista y lo que leía, ¡Lo hacía sin sentido! ¡Lamentable! ¡Muy lamentable!
Descubrí por mis investigaciones y por las pláticas en donde participé, que: ¡Era muy, pero muy tímido! Pero, ¿De dónde nació esa timidez? ¡De las burlas de mis compañeros!
Hoy se habla del bullying, del maltrato entre congéneres. Es una manera elegante de llamarlo; pero, es solamente: ¡ESPÍRITU DE BURLA!
Este espíritu malo, procede del mal, que se posesiona de niños y adolescentes, para disminuir o destruir la dignidad, el valor y el prestigio, así como el honor de quien es maltratado. En un principio, sólo se burlan, después se insulta, más adelante se agrede verbalmente y finalmente se agrede físicamente. Si ese es el proceso, ¿Cómo darle solución?
Antes de plantear salidas, quiero anotar, que la timidez de la que he sido objeto, me ha traído una serie de problemas para relacionarme con los demás. No he podido decirles a las chicas de mi juventud, que deseaba compartir un helado con ellas; que deseaba conversar un momento con ellas o salir a pasear.
Nunca, me atreví a decirle a una chica, a quien amé en silencio, acerca de mis sentimientos. Me los guardé… y por timidez, ¡Nunca se los expresé!
Han pasado los años y me enteré, que ella se ha casado con un amigo de aquella época. Hoy, ¡Claro está! Sólo le pido a Dios los bendiga y deseo que sean felices.
¿Se imaginan? Ha sido muy duro saber y sentirme limitado. En adelante, he tenido algunas experiencias amorosas, pero no fueron por mi iniciativa. Siempre fueron porque las chicas me expresaron sus sentimientos y solo respondí… ¡Para que no dudaran de mi virilidad! Pero, así como lo expresaron; así también, ¡Me dejaron!
A más de una de ellas, les pedí matrimonio. No hubo respuesta positiva…. ¡Me dejaron plantado! ¡Se fueron con otra persona!
Como podrán observar, por la burla: la timidez, la frágil autoestima, me han herido profundamente en mi dignidad, en mi personalidad. Esto sin dudas, han hecho de que no sea feliz y no contribuya en su felicidad a mi esposa. Han pesado más mis sentimientos de frustración y mis complejos, que no me han dado cabida a ser libre, digno, sano y capaz de disfrutar sin temor alguno de la compañía de los demás.
La afirmación de la pequeña, ”¡Qué feo es tu nombre!”, llega a mí cuando estoy viviendo un maravilloso momento de encuentro con Dios. Sólo después de expresar lo que he anotado arriba, nuestro Padre Amado, ha presionado suave y delicadamente mi corazón y también mi cerebro. Al primero, para que afloren esos sentimientos que me han perjudicado, y; al segundo, para que emerjan hechos que me han ido ayudando en la vida, para ir superando esas limitaciones.
El Espíritu de Amor, me ha recordado que cuando tenía unos once años, leyendo un libro, descubrí la personalidad de nuestro Señor Jesucristo, y le conocí mejor, cuando leí el Nuevo Testamento. Fue el Espíritu de Amor que me iluminó a esa edad, para enfrentar los problemas en los que ya estaba envuelto. Sólo que, yo no era consciente de esa acción de Dios. He sido tan, pero tan poco lúcido, porque han primado mis sentimientos, mi manera de entender la vida, los que han ido amordazando, poniéndole grilletes o camisa de fuerza al Espíritu de Amor. ¡No le han dejado actuar al Espíritu de Amor en mi vida!
¿Cuántas veces actuamos así? ¡SIEMPRE! ¡CASI SIEMPRE! Sólo que después nos preguntamos, ¿Por qué me pasa eso a mí? ¡Sí yo no hice nada!
¡Claro! Nosotros no generamos el problema. Pero, lo agravamos, cuando apagamos el fuego del Espíritu de Amor. Nos quedamos en nuestra infelicidad, aún cuando Jesucristo nos muestra el camino a seguir y nosotros vamos en el sentido contrario o nos quedamos parados y no caminamos. Destruimos nuestra conciencia, nuestro espíritu y nuestro cuerpo, tratando de responder filosófica, científica y tecnológicamente los retos de la vida. Dios Padre nos está señalando, permanentemente, lo maravillosos de su creación, para ser plenamente amos y señores del cosmos. Es decir, en buena cuenta, ¡Alejamos a Dios de nuestras vidas! ¿Cómo lo hacemos? Veamos. En nuestras escuelas públicas y privadas, ¿Cuál es el principal valor que se inculca? ¡Éxito! ¡Ganar dinero! ¡Ser triunfadores! Lo mismo ocurre en la familia.
¡Bien, muy bien! Pero… ¿Todos serán exitosos? ¡NO! Primero, no todos tienen las mismas oportunidades, los mismos recursos, capacidades, potencialidades. Cada uno es único, irremplazable e insustituible. Todos somos hijos de Dios por el Bautismo; pero, ¡NO TODOS ACTUAMOS Y VIVIMOS COMO HIJOS DE DIOS! Segundo, las escuelas han dejado de lado la orientación religiosa en las aulas, han desaparecido de los contenidos los cursos con carga axiológica y formativa. Para los “educadores iluminados” de nuestro tiempo sólo sirven la matemática, la física y química. En ése orden, lo demás para esos “iluminados”, ¡NO SIRVE!
Frente a lo dicho, ¿Por qué, entonces, nos quejamos del bullying, de las pandillas, de la creciente delincuencia, de la violencia sexual, del erotismo y sensualismo, del individualismo, egoísmo y discriminación existentes?
La sociedad, así como la falta de integridad y solvencia moral de la mayoría de profesionales de este tiempo, han generado y son los directos responsables del deterioro de nuestra sociedad. Aparejado a ellos, se encuentran también los líderes y directivos de las iglesias y comunidades religiosas, de las diferentes confesiones o credos, porque han dejado a un lado la proclamación de Jesucristo y su Evangelio, en sus propias escuelas; le han dado mayor énfasis, a la formación materialista, empiriocriticista y “científica”.
Entonces, la primera tarea, es volver a las fuentes; la fuente de vida es: Dios. Una segunda tarea, es ponernos en manos de nuestro Señor Jesucristo, para pedirle que nos ayude a ser libres de la falta de autoestima, timidez, complejos, temor y cobardía.
Para eso, le pedimos a nuestro Padre Amado, nos envíe su Espíritu de Amor, para que a través de él, podamos discernir los momentos, hechos, situaciones, experiencias, palabras, comentarios, miradas, gestos, que nos han dañado nuestra autoestima, libertad, capacidad de asertividad. En buena cuenta, lo que nos oprime y no nos hace felices.
Para poder sanarnos, conversemos con Dios.
Bendito y alabado seas, ¡Señor Jesucristo! Señor y salvador mío. ¡Glorifico tu nombre! Agradezco tu presencia en mi vida. Hoy día quiero contarte lo que siento en mi vida. Bien sé que lo conoces, pero te lo voy narrar como lo siento, porque así lo entiendo que eso, me ha causado mucho daño y no he vivido tranquilo, ni he podido siquiera reír en paz. Muchas veces he estado con amigos y familiares, pero me he sentido solo. Otras veces he luchado por alcanzar un objetivo, lo he logrado, pero me he sentido vacío. Y así, he tenido tantas experiencias, que siento no me han hecho feliz. Por eso, te pido, Señor, que intercedas por mí ante nuestro Padre Amado, para que envíe su Espíritu de Amor y escudriñe y hurgue en mi vida y sobre todo en mi espíritu, para que pueda sanar aquello que hoy desea hacerlo y sea para su ¡Gloria!
¡Santo Espíritu de Amor! Aquí me tienes, soy materia dispuesta. Te pido que intervengas en toda mi vida, mi pasado y mi presente. Hazme ver y recordar aquél momento triste y desagradable, que no me deja ser libre y ser feliz.
En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, lo ato, arranco y lo pongo a los pies de la cruz, para que así atadas y amordazadas, esas experiencias sean sanadas y en su relevo, coloque nuestro Padre Amado, sentimientos de amor, confianza, seguridad, firmeza, tranquilidad y serenidad.
Gracias Padre Amado, porque creo has escuchado mi oración. Te bendigo Jesucristo, el más grande tesoro en mi vida. Bendito Espíritu de Amor, por tu gran ayuda y cosuelos. Amén

miércoles, 14 de septiembre de 2011

CAMINEMOS HACIA DIOS: Sanemos nuestros sentimientos

No ha sido fácil. Las cosas quiero hacerlas de manera que no afecte o haga daño a nadie; sin embargo, el maligno nos pone cada zancadilla. Para eso utiliza a los mismos seres humanos. Su propósito es hacernos perder la paciencia.
Así tenemos, transportistas que no cumplen su responsabilidad, poniendo en riesgosa vida de los pasajeros que lleva en su vehículo. Haciendo paradas innecesarias, retrasando la frecuencia de la fluidez de los vehículos de servicio público.
En ese contexto, ¿Dónde está mi compromiso? ¿Cómo cumplir la misión encomendada? He tenido que hacer un gran esfuerzo por no impacientarme, irritarme o pensar mal. Es en esos momentos que tenemos que ser suaves y limpios de corazón y espíritu. Para que no se pueda caer en pecado. Es en ese momento que se debe orar y poner en manos de Dios nuestra vida. Abandonarnos a Jesucristo.
¡Así lo hice! Luego me sentí mejor, porque no guardé ningún sentimiento adverso a aquél transportista. Como se puede apreciar, ¡No es fácil ser cristiano! Tampoco tener buenos sentimientos. El maligno nos lanza dardos incendiarios; muy sutiles, por cierto, pero tan convincentes que es posible que sucumbamos en su engaño y trampas. ¿Acaso no es justo reclamarle por conducir imprudente e irresponsablemente al transportista? ¡Desde luego, que sí! Pero, hay que guardar las formas y sobre todo no alimentarlo de ira o violencia.
Tenemos que hablar y exigir, sintiendo paz interior y sobre todo tener prudencia para dirigirnos y responderle. ¡Eso es importante! Hemos de considerar que las motivaciones del transportista no las conozco. Las puedo suponer. Pero, ¡No tengo la certeza!
No estoy de acuerdo con su actitud ni la acepto, porque atenta contra la seguridad, la vida y el derecho de todos los pasajeros. Su conducta es reprochable, injusta, de toda la forma recusable. Pero, como ya dije, ¡No puedo pecar pensando mal, respondiendo o señalándole mal!
Mi temperamento siempre ha sido el de reclamar, en ocasiones airadamente, ¡Exigiendo la prudencia, la moderación o rectificación! De quiénes a mi juicio transgredían las normas o el derecho de los demás. El sólo hecho de solicitarle mayor cuidado y atención a sus funciones, así como, su responsabilidad. Con firmeza, sin agresividad, en esta ocasión, ¡Ha sido un logro para mí! En otros tiempos, mi reacción hubiera sido muy agresiva y casi intolerable.
Se preguntarán, ¿A qué viene todo eso que estoy diciendo? Solo a una cuestión: No somos capaces de comunicarnos correctamente; tampoco ser prudentes y tolerantes. Menos aún, respetar a las personas y recusar sus faltas o desaciertos. Por lo general, explotamos y damos rienda suelta a lo que guardamos en nuestro espíritu interior.
Eso me recuerda a un amigo del pasado. Lo tengo presente siempre a José Luís, porque estando en una campaña de evangelización, los dos formábamos parte de un Equipo de trabajo y Conducción, de la cruzada. Él, en un momento dado, me dijo: “Carlos, ¿Sabes? Te voy a decir directamente. Siento que no estás aportando nada. Sólo ocupas un espacio. Estás ahí, pero no hay nada de parte tuya”. Sinceramente, me sentí dolido, porque yo intervenía, conversaba, oraba, participaba como todos. No entendía nada de lo que me dijo José Luís.
No sé si se refería a que carecía de la presencia del Espíritu de Amor o que mi aporte era solo intelectual y no espiritual; o tal vez, era sólo lección aprendida. La verdad es que nunca lo entendí. Más bien guardé en mi interior un silencio y desde luego me quedé resentido. Nunca le reproché nada, le dije o le pregunté algo al respecto. Sólo me quedé callado… y en silencio he guardado por años ese sentir.
En otra ocasión, un amigo me invitó para que le apoye en un Proyecto Educativo. Este, era para ofrecerle una alternativa diferente a los jóvenes frente al narcotráfico; para que mejoren sus condiciones de vida y sea un mecanismo de inserción, dentro del estado de derecho y eviten caer en la delincuencia.
El acuerdo a que llegamos fue, que lo acompañara por cinco años. Luego de este tiempo, le solicité me apoyara con un año sabático. Era para actualizarme y así poder apoyar en alguna otra obra de bien social o comunitaria. Todo fue muy bien los primeros dos años, aunque había problemas económicos, pero, al fin, el proyecto se iba consolidando.
Fue al cuarto año, que éste amigo, decidió salir del proyecto e irse a otra misión. Frente a esta situación le pregunté, ¿Quién y cómo se resolvería el acuerdo que hicimos? La respuesta que me dio fue: “¿De qué acuerdo me hablas? Yo no sé nada. ¿Hay algo que firmé?”
De plano, me quedé hecho una pieza congelada. Jamás pensé que un presbítero fuera capaz de desconocer y negarse a su promesa y compromiso. Si al menos me hubiera explicado, que no la podía asumir y que haría un esfuerzo por compensar mi tiempo ofrecido al proyecto… ¡Lo habría comprendido y aceptado!
Siento que fui objeto de un engaño. ¡Eso me resintió terriblemente! En esas circunstancias, vino el sexto año en el mismo proyecto, el que fue asumido en su conducción, por otro presbítero. Este nuevo director, lo primero que hizo, fue visitarme y proponerme que le ayudara haciendo un inventario y actualización de la documentación de formación académica de los estudiantes. Se comprometió, para esta tarea, una compensación económica extraordinaria. La que acepté.
Realicé mi trabajo y le ofrecí los informes correspondientes, después de dos meses de intenso trabajo. Cuando le solicité el reconocimiento económico que por su iniciativa me ofreció. La respuesta fue: “¿Qué pago me pides? ¿Yo te ofrecí algo? Que yo recuerde, no tengo ningún compromiso de pago contigo”.
Una vez más, fui engañado y utilizado por un presbítero. El tener resentimiento hacia dos personas que equivocadas en lo que significa su ministerio y la pureza de sus vidas, fue corroyendo mi alma; porque, más daño me ha hecho a mí, que probablemente a ellos. He tenido guardado ese sentir, por muchos años. Desde luego, me ha creado una serie de sentimientos encontrados.
El primero y más grave, ha sido desconfiar de todos los presbíteros, obispos y miembros de la jerarquía eclesial. Mi pensamiento ha sido, considerarlos hipócritas y malos pastores; porque dicho sea de paso, inclusive un obispo, en una ocasión me ofreció ayudarme, después de la experiencia vivida con los presbíteros. El resultado fue, que nunca tuve su apoyo. Su teléfono o su oficina, ¡Nunca me atendió! ¿No creen que hubo razones suficientes para juzgar mal a estos miembros de la iglesia? ¡SÍ! Yo creo que sí. Pero, ¿Saben? Hoy, después de tantos años, los pongo a ellos y su encuentro conmigo, delante de Dios. Le pido a nuestro Padre Amado, para que en nombre de su Hijo Amado, Jesucristo, sane ese momento. Y si no tuvieron la posibilidad de darme una respuesta a sus compromisos. Que sea nuestro Señor Jesucristo, quien les ayude a mejorar su condición, su ministerio y su responsabilidad... y en mi caso, me ayude a perdonarlos y que me dé la ocasión de reconciliarnos, encontrando el momento de sanar esa experiencia, para que los libere de lo que dijeron y se comprometieron, y no pudieron responder.
Como podrán comprender, son algunos casos, de los muchos que me ha tocado vivir, pero que por los sentimientos que generan, ¡Nos alejan del don de Dios! Nos perjudican en nuestra personalidad, carácter, temperamento, en nuestras relaciones con los demás. Pues, en adelante, cualquier acción va a estar cargada de emociones y sentimientos negativos, los que nos tienen atados y no nos permiten ser felices, o al menos nos permitan ser aceptados por los demás.
Pero, ¿Qué tiene que ver todo esto con nuestra vida cotidiana? ¡Mucho! Los sentimientos crean en nosotros una estela que nubla nuestro espíritu y nosotros somos vistos distorsionados. Los demás nos ven como personas complicadas, acomplejadas, frustradas, envidiosas y no auténticas. De ahí nace nuestra infelicidad, nuestras limitaciones y fracasos.
En mi caso, yo no he tenido éxito en casi nada de lo que me he propuesto. Porque esos sentimientos me han hecho sentir atado. No me han dejado ser libre y disfrutar de los dones que Dios me ha dado. Aún ahora, no tengo ni siquiera un trabajo estable o un medio que me ayude a sobrevivir como quisiera. Pero, ¿Saben? Después de ser consciente de mi situación y haber experimentado mí encuentro con Dios, ¡Me siento libre y con mejor ánimo y disposición!
Aún no sé, cómo voy a pagar las cuentas que tengo pendiente. Solo sé que estoy libre de sentimientos opresores como el resentimiento, la intolerancia, la irritación, el pensamiento acusador.
Por ello, si en algo ayuda esta experiencia a usted que tiene la ocasión de leer estas líneas. Solo le ofrezco un camino a seguir: JESUCRISTO ES EL CAMINO. Acuda a Él y por gracia del Espíritu de Amor, podrá reconocer y encontrar el camino de liberación de la muerte (pecado) para hallar el Camino de Salvación (Vida).

Ahora, Ore, conmigo y hablemos sinceramente con Dios:

Señor Jesucristo, tú conoces mejor que nadie lo que soy, he sido y he vivido.

Sabes perfectamente de lo que soy capaz, de lo que guardo en mi corazón

y no lo expreso... lo tengo bien escondido. Pero, ¡Tú lo conoces!

Te pido me perdones mis sentimientos opresores, mis acciones pecaminosas;

Claro... conoces mis más íntimos sentimientos y pensamientos,

los que oculto a los demás, pero ahí están y que los disfrazo hipócritamente.

Luego, te pido, me ayudes a sanar las experiencias y vivencias negativas;

que tu presencia y la del Espíritu de Amor, quisiera decirte que deseo

que toque nuevamente esos momentos para sanarlos

y me libere de todo sentimiento opresor.

Padre Amado, Santo eres, escucha el clamor de tu hijo,

en el nombre de tu Hijo Amado, nuestro Señor Jesucristo.

Amén.