jueves, 6 de diciembre de 2012

Una vida al Servicio de los demás


REFLEXIONES
Carlos A. Soto Vásquez 02/12/2012
Walter, llegó como siempre a visitar a su abuela. La saludó cariñosamente y compartió un buen rato de diálogo ameno y también los alimentos, con los demás familiares presentes.
Eran más o menos las 4 de la tarde y muy cerca de ahí, un grupo de unos seis jóvenes se reunieron para charlar. Su propósito de éstos, era ayudar a los niños del lugar. Estos niños, no tenían auxilio, orientación, ni tampoco atención de sus padres; éstos, sólo los procrearon y los niños se educaron en la calle.
Algunos vecinos, se esforzaban en orientarlos, reunirlos. Hacían lo que podían. Para otros, en cambio, eran un fastidio por sus juegos, su bulliciosa manera de expresarse entre ellos. Sus padres, sólo cumplían con ofrecerles algún alimento y un techo para que duerman. Estos padres no se interesaron en lo más mínimo por el futuro de los niños. La vida los ahogaba. Salían muy temprano a trabajar o ganarse el pan en lo que fuera y los niños quedaban a su suerte.
Los jóvenes se interesaron por integrarse como grupo y hacer algo por los niños. Cuando menos se preocuparon en seguir estimulando los valores entre los niños, para que no caigan en las garras de la delincuencia o del vicio, descubriendo y promoviendo sus capacidades y habilidades.
Walter, como conocía solo de vista a algunos de los jóvenes, se acercó a ellos y al enterarse de lo que éstos jóvenes estaban planeando, se interesó en ayudarlos, ofreciéndose como un colaborador. Su participación fue una decisión en base al deseo de apoyar y atender a los niños en situación de abandono, porque como hemos dicho estaban expuestos a una serie de riesgos y peligros.
Los jóvenes, decidieron buscar ayuda en la sede parroquial. El Párroco, los atendió personalmente y con gentil entusiasmo les procuró la asistencia necesaria. Los jóvenes se reunían con el párroco los días sábados a  las 5 de la tarde, compartían sus conocimientos y planificaban las reuniones de los niños.
Los jóvenes tenían las reuniones con los niños, los domingos a las 10 de la mañana.
Las actividades que los jóvenes que hicieron con los niños, fue ayudarles a través de juegos y dinámicas grupales a que participen en temas comunes, en asuntos religiosos, en mejorar sus tareas escolares; a través de todas estas acciones, les iban estimulando los valores como el respeto a los demás, la participación, se les inculcaba sus derechos y responsabilidades, despertando en ellos sus potencialidades, capacidades, habilidades y destrezas.
El más entusiasta y más querido por los niños, fue Walter, por su entrega y vocación de servicio que evidenciaba.
Lo que más llamó la atención fue, que Walter no tenía recursos económicos fijos, debido a que era un asistente en una imprenta pequeña. Él no tenía más estudios que la Secundaria completa; sin embargo, su habilidad y  creatividad para convocar y dirigir a los niños, era verdaderamente,  ¡Sorprendente!
Pasó el tiempo, los niños se hicieron adolescentes y siguieron la escuela de Walter. Este, en busca de mejores condiciones de vida, tuvo que ir al interior del país, a otra  zona, donde se dedicó a trabajar con otros niños.
Walter, empezó a trabajar en una escuelita unidocente. Con sus ingresos se ayudó para seguir estudios pedagógicos, los que culminó y ha seguido con esa misma mística que despertó en él la vocación y pasión por la docencia.
Han pasado 27 años, desde cuando el grupo al que pertenecía Walter, iniciaron el reto de ofrecer lo mejor que tenían a esos niños en situación de abandono. Hasta que hace unos días atrás me encontré con uno de esos niños –hoy un hombre-, llevando de la mano a un niñito de unos 4 años. Me saludó aquél niñote ayer, presentándome a su hijo. Fue entonces que le dijo a su hijo: “Mira Pepito, gracias a este hermano y a nuestro querido Walter, ¡Nosotros nos salvamos! Por ellos, tu mami y yo te queremos a ti y nos esforzamos por atenderte y quererte. ¡Gracias hermano…”
El niño miró a su padre y como si entendiera la dimensión del mensaje paterno, me dio la mano y luego un efusivo abrazo. Nos despedimos y quedó en mi la imagen viva del gran apoyo que brindó Walter, a estos niños de ayer y hombres y mujeres de hoy. Estos tienen afortunadamente un hogar formado con valores y unidos por un profundo amor filial.
Walter es ahora un maestro, que dedica su vida y tiempo total a sus discípulos, los que por lo general, tiempo después regresan a darle las gracias por sus consejos y orientación en la formación de personalidad, como hombres y mujeres de bien.
Hoy en día la Educación Primaria, necesita de muchos como Walter, con espíritu de servicio, amor, desprendimiento, ingenio, habilidad, creatividad, capacidad y valores, para sembrar esperanza y vida entre los niños, adolescentes y jóvenes.
Es importante, esta historia, porque muchos hombres y mujeres a veces en el anonimato, siembran esperanza para que se destierre la proliferación de personas sin conciencia o con conciencias vacías; lo que hace estéril sus vidas de éstos por la falta de amor, orientación oportuna y de información eficaz. E necesita sembrar simiente en aquellos que serán a futuro LAS PERSONAS HUMANAS con propósitos acordes a la dignidad humana, a la que todos tenemos derecho.
Walter, una vida al servicio de los demás…

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