REFLEXIONES
Carlos
A. Soto Vásquez 02/12/2012
Walter, llegó como siempre a visitar a
su abuela. La saludó cariñosamente y compartió un buen rato de diálogo ameno y
también los alimentos, con los demás familiares presentes.
Eran más o menos las 4 de la tarde y
muy cerca de ahí, un grupo de unos seis jóvenes se reunieron para charlar. Su
propósito de éstos, era ayudar a los niños del lugar. Estos niños, no tenían
auxilio, orientación, ni tampoco atención de sus padres; éstos, sólo los
procrearon y los niños se educaron en la calle.
Algunos vecinos, se esforzaban en
orientarlos, reunirlos. Hacían lo que podían. Para otros, en cambio, eran un
fastidio por sus juegos, su bulliciosa manera de expresarse entre ellos. Sus
padres, sólo cumplían con ofrecerles algún alimento y un techo para que duerman.
Estos padres no se interesaron en lo más mínimo por el futuro de los niños. La
vida los ahogaba. Salían muy temprano a trabajar o ganarse el pan en lo que
fuera y los niños quedaban a su suerte.
Los jóvenes se interesaron por
integrarse como grupo y hacer algo por los niños. Cuando menos se preocuparon
en seguir estimulando los valores entre los niños, para que no caigan en las
garras de la delincuencia o del vicio, descubriendo y promoviendo sus
capacidades y habilidades.
Walter, como conocía solo de vista a
algunos de los jóvenes, se acercó a ellos y al enterarse de lo que éstos
jóvenes estaban planeando, se interesó en ayudarlos, ofreciéndose como un
colaborador. Su participación fue una decisión en base al deseo de apoyar y
atender a los niños en situación de abandono, porque como hemos dicho estaban
expuestos a una serie de riesgos y peligros.
Los jóvenes, decidieron buscar ayuda
en la sede parroquial. El Párroco, los atendió personalmente y con gentil
entusiasmo les procuró la asistencia necesaria. Los jóvenes se reunían con el
párroco los días sábados a las 5 de la
tarde, compartían sus conocimientos y planificaban las reuniones de los niños.
Los jóvenes tenían las reuniones con
los niños, los domingos a las 10 de la mañana.
Las actividades que los jóvenes que
hicieron con los niños, fue ayudarles a través de juegos y dinámicas grupales a
que participen en temas comunes, en asuntos religiosos, en mejorar sus tareas
escolares; a través de todas estas acciones, les iban estimulando los valores
como el respeto a los demás, la participación, se les inculcaba sus derechos y
responsabilidades, despertando en ellos sus potencialidades, capacidades,
habilidades y destrezas.
El más entusiasta y más querido por
los niños, fue Walter, por su entrega y vocación de servicio que evidenciaba.
Lo que más llamó la atención fue, que
Walter no tenía recursos económicos fijos, debido a que era un asistente en una
imprenta pequeña. Él no tenía más estudios que la Secundaria completa;
sin embargo, su habilidad y creatividad
para convocar y dirigir a los niños, era verdaderamente, ¡Sorprendente!
Pasó el tiempo, los niños se hicieron
adolescentes y siguieron la escuela de Walter. Este, en busca de mejores condiciones
de vida, tuvo que ir al interior del país, a otra zona, donde se dedicó a trabajar con otros
niños.
Walter, empezó a trabajar en una
escuelita unidocente. Con sus ingresos se ayudó para seguir estudios
pedagógicos, los que culminó y ha seguido con esa misma mística que despertó en
él la vocación y pasión por la docencia.
Han pasado 27 años, desde cuando el
grupo al que pertenecía Walter, iniciaron el reto de ofrecer lo mejor que
tenían a esos niños en situación de abandono. Hasta que hace unos días atrás me
encontré con uno de esos niños –hoy un hombre-, llevando de la mano a un niñito
de unos 4 años. Me saludó aquél niñote ayer, presentándome a su hijo. Fue
entonces que le dijo a su hijo: “Mira Pepito, gracias a este hermano y a
nuestro querido Walter, ¡Nosotros nos salvamos! Por ellos, tu mami y yo te
queremos a ti y nos esforzamos por atenderte y quererte. ¡Gracias hermano…”
El niño miró a su
padre y como si entendiera la dimensión del mensaje paterno, me dio la mano y
luego un efusivo abrazo. Nos despedimos y quedó en mi la imagen viva del gran
apoyo que brindó Walter, a estos niños de ayer y hombres y mujeres de hoy.
Estos tienen afortunadamente un hogar formado con valores y unidos por un
profundo amor filial.
Walter es ahora un
maestro, que dedica su vida y tiempo total a sus discípulos, los que por lo
general, tiempo después regresan a darle las gracias por sus consejos y
orientación en la formación de personalidad, como hombres y mujeres de bien.
Hoy en día la Educación Primaria ,
necesita de muchos como Walter, con espíritu de servicio, amor,
desprendimiento, ingenio, habilidad, creatividad, capacidad y valores, para
sembrar esperanza y vida entre los niños, adolescentes y jóvenes.
Es importante, esta
historia, porque muchos hombres y mujeres a veces en el anonimato, siembran
esperanza para que se destierre la proliferación de personas sin conciencia o
con conciencias vacías; lo que hace estéril sus vidas de éstos por la falta de
amor, orientación oportuna y de información eficaz. E necesita sembrar simiente
en aquellos que serán a futuro LAS PERSONAS HUMANAS con propósitos acordes a la
dignidad humana, a la que todos tenemos derecho.
Walter, una vida al
servicio de los demás…
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