Reconozco que tengo tanto por reparar, por mejorar, por pedir perdón, por sanar. Así como han pasado los días que he vivido; así también, he cometido errores. No he cumplido con los mandatos de Dios. Lo lamentable es, que lo he hecho, sin proponerme hacerlo; pero, es grave que, aún conociendo las leyes de Dios, ¡Ahí está mi pecado!
No sólo debo admitir, que he pecado en muchas ocasiones; sino que, ¡Me arrepiento de ello! ¡Me siento avergonzado de no haber sido leal! He intentado reparar y buscar la reconciliación con Dios; sin embargo, hay cuestiones que no he podido resolver. Sea por falta de oportunidad, de recursos, de medios, de condiciones, de voluntad. El resumen es, ¡Soy débil! ¡Soy humano! Reconozco mi condición, ¡De pecador! ¡Necesito Ayuda!
Viene a mi mente, como un latigazo que azota mi cara. Jesús hablándome directamente: “Yo, pagué tus faltas, tus errores, con mi sangre”. De inmediato, recordé su entrega y sacrificio; por eso expreso, ahora:
“Señor Jesús, reconozco que soy pecador, que a pesar del tiempo, del conocimiento… ¡Sigo fallando! ¡Sigo siendo débil! ¡Fracaso ante la tentación!
Soy consciente, de mis faltas de amor, de honestidad, de sinceridad, de honradez, de lealtad y de pureza.
Me lamento de haber actuado así. Me siento un miserable, un ser repudiable, por no saber apreciar tu inmenso amor. ¡Perdóname, Señor! Me arrepiento de mis faltas, errores y pecados. Ahora, no sólo te pido tu perdón; sino, ¡LA SANACIÓN, LA LIBERACIÓN Y LA PURIFICACIÓN!
Señor Jesús, me pongo delante de ti, me hinco y me pongo a tu entera disposición. Deseo que una gotita de tu sangre, la más pequeña de todas; tal vez, la salpicadura de una gotita de tu sangre, que haya caído en el calvario, ¡Me la ofrezcas!
Esa pequeñísima muestra de tu sangre bendita, me sea útil. Para sanarme, liberarme y purificarme. Esa pequeñísima muestra de tu sangre, es tan; pero, ¡Tan valiosa! ¡Más que toda la humanidad!
Te pido que fluya, por mi torrente sanguíneo; partiendo por el corazón y se vaya impregnando en los ventrículos y aurículas. Luego, que vaya recorriendo por la aorta; llegue a los pulmones y desde ahí se traslade al cerebro y cerebelo. Que toque los órganos visuales y auditivos. Que recorra las fosas nasales e ingrese al aparato digestivo, vaya por la boca, la faringe, la laringe, el esófago, el estómago e intestinos. Que en su trayecto, no descuide todas las glándulas. Asimismo, que recorra los órganos internos, el hígado, páncreas, vesícula, riñones, vejiga, aparato reproductor. Acuérdate también, de nuestras extremidades, brazos y manos, piernas y pies. Ahora, Señor, que todos los vasos capilares, vasos sanguíneos, los músculos y huesos, sistema nervioso y cartílagos, cada átomo y molécula, cabellos y uñas; así como, todo mi cuerpo sea inundado, por esa sangre preciosa.
Jesús amado, gracias por dejar fluir, tu preciosa sangre, en mi ser. ¡No merezco tal bendición! ¡Eres lo más maravilloso y único que conozco! ¡No hay nadie más generoso, bueno y amoroso, que tú! ¡Bendito seas!
Finalmente, Señor, ya que has tocado mi cuerpo totalmente. Ahora te pido, que esa muestra de tu sangre preciosa, recorra mi espíritu. Que ingrese en mi conciencia, mi subconsciente e inconsciente. Que también, recorra mi mente, mis pensamientos, mis recuerdos, mi memoria, mis sentimientos, mis emociones, mi personalidad, mis hábitos, mis costumbres e ideas. Que fluya y vaya impregnando tu presencia, de manera que sane, libere y purifique mi ser.
Que sane mi cuerpo y pueda con él, ofrecer mi testimonio de tu gran amor; para que pueda transmitir tu mensaje de Salvación; como un obrero, en la construcción de la Civilización del Amor.
Que libere mi cuerpo, de enfermedades o males, que me impiden desarrollar mejor mis capacidades, a tu servicio.
Que purifique mi cuerpo, para ser una constante ofrenda a tu servicio y a los demás.
También, que sanes mi espíritu del sufrimiento de las necesidades extremas, de mis errores y fallos; que liberes mi espíritu del pecado y de todo aquello que me aleja de ti; que purifiques mi espíritu y mi conciencia. Es decir, todo mi ser, para mostrar tu rostro que reflejas en cada uno de los Hijos tuyos.
Señor, no sé cómo hablarte. A veces, siento que soy torpe y me equivoco; que no sé como expresarte lo que siento en mi interior. Por lo general, ¿Sabes? Creemos que sabemos hablarte; pero, somos limitados, no tenemos la habilidad para hacerlo. Porque, no describimos correctamente, por ser finitos; sin embargo, Señor, siento que aún así nos comprendes. Señor, ¡Tú eres maravilloso! ¡Inmensamente bueno y generoso!
Quisiera terminar, diciéndote, Señor, que estoy eternamente agradecido, porque al expresarte lo que soy y siento; creo o me parece, que de alguna manera, ¡Alguien necesita de ti! Si, yo puedo ser el mediador, la voz de esperanza, ¡Estoy a tu disposición!
Bien conoces, Señor, mis necesidades materiales y espirituales. Las pongo delante de ti. ¡Ayúdame a cumplir con mis compromisos! Pon delante de mí, a quién o quiénes sean los mensajeros y protectores que contribuyan en la difusión de tu Evangelio. Que éste ¡Sea vivo, eficaz y esperanzador!
Padre amado, me inclino ante ti, me postro ante tu magnificencia, y; te imploro me atiendas; lo hago, en el nombre de tu Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo.
Gracias Padre, por escucharme, por atender mi pedido, por darme respuesta. Por tu gran amor incomparable.
Gracias Jesús, Por tu amor y entrega, por enseñarnos a tener fe. Gracias por aumentar mi fe.
Gracias Espíritu de Amor, por alimentar mi amor, mi fe y acrecentar mi esperanza.
Gracias, Dios mío, por ser, ¡Todo para mí!
Amén.
No sólo debo admitir, que he pecado en muchas ocasiones; sino que, ¡Me arrepiento de ello! ¡Me siento avergonzado de no haber sido leal! He intentado reparar y buscar la reconciliación con Dios; sin embargo, hay cuestiones que no he podido resolver. Sea por falta de oportunidad, de recursos, de medios, de condiciones, de voluntad. El resumen es, ¡Soy débil! ¡Soy humano! Reconozco mi condición, ¡De pecador! ¡Necesito Ayuda!
Viene a mi mente, como un latigazo que azota mi cara. Jesús hablándome directamente: “Yo, pagué tus faltas, tus errores, con mi sangre”. De inmediato, recordé su entrega y sacrificio; por eso expreso, ahora:
“Señor Jesús, reconozco que soy pecador, que a pesar del tiempo, del conocimiento… ¡Sigo fallando! ¡Sigo siendo débil! ¡Fracaso ante la tentación!
Soy consciente, de mis faltas de amor, de honestidad, de sinceridad, de honradez, de lealtad y de pureza.
Me lamento de haber actuado así. Me siento un miserable, un ser repudiable, por no saber apreciar tu inmenso amor. ¡Perdóname, Señor! Me arrepiento de mis faltas, errores y pecados. Ahora, no sólo te pido tu perdón; sino, ¡LA SANACIÓN, LA LIBERACIÓN Y LA PURIFICACIÓN!
Señor Jesús, me pongo delante de ti, me hinco y me pongo a tu entera disposición. Deseo que una gotita de tu sangre, la más pequeña de todas; tal vez, la salpicadura de una gotita de tu sangre, que haya caído en el calvario, ¡Me la ofrezcas!
Esa pequeñísima muestra de tu sangre bendita, me sea útil. Para sanarme, liberarme y purificarme. Esa pequeñísima muestra de tu sangre, es tan; pero, ¡Tan valiosa! ¡Más que toda la humanidad!
Te pido que fluya, por mi torrente sanguíneo; partiendo por el corazón y se vaya impregnando en los ventrículos y aurículas. Luego, que vaya recorriendo por la aorta; llegue a los pulmones y desde ahí se traslade al cerebro y cerebelo. Que toque los órganos visuales y auditivos. Que recorra las fosas nasales e ingrese al aparato digestivo, vaya por la boca, la faringe, la laringe, el esófago, el estómago e intestinos. Que en su trayecto, no descuide todas las glándulas. Asimismo, que recorra los órganos internos, el hígado, páncreas, vesícula, riñones, vejiga, aparato reproductor. Acuérdate también, de nuestras extremidades, brazos y manos, piernas y pies. Ahora, Señor, que todos los vasos capilares, vasos sanguíneos, los músculos y huesos, sistema nervioso y cartílagos, cada átomo y molécula, cabellos y uñas; así como, todo mi cuerpo sea inundado, por esa sangre preciosa.
Jesús amado, gracias por dejar fluir, tu preciosa sangre, en mi ser. ¡No merezco tal bendición! ¡Eres lo más maravilloso y único que conozco! ¡No hay nadie más generoso, bueno y amoroso, que tú! ¡Bendito seas!
Finalmente, Señor, ya que has tocado mi cuerpo totalmente. Ahora te pido, que esa muestra de tu sangre preciosa, recorra mi espíritu. Que ingrese en mi conciencia, mi subconsciente e inconsciente. Que también, recorra mi mente, mis pensamientos, mis recuerdos, mi memoria, mis sentimientos, mis emociones, mi personalidad, mis hábitos, mis costumbres e ideas. Que fluya y vaya impregnando tu presencia, de manera que sane, libere y purifique mi ser.
Que sane mi cuerpo y pueda con él, ofrecer mi testimonio de tu gran amor; para que pueda transmitir tu mensaje de Salvación; como un obrero, en la construcción de la Civilización del Amor.
Que libere mi cuerpo, de enfermedades o males, que me impiden desarrollar mejor mis capacidades, a tu servicio.
Que purifique mi cuerpo, para ser una constante ofrenda a tu servicio y a los demás.
También, que sanes mi espíritu del sufrimiento de las necesidades extremas, de mis errores y fallos; que liberes mi espíritu del pecado y de todo aquello que me aleja de ti; que purifiques mi espíritu y mi conciencia. Es decir, todo mi ser, para mostrar tu rostro que reflejas en cada uno de los Hijos tuyos.
Señor, no sé cómo hablarte. A veces, siento que soy torpe y me equivoco; que no sé como expresarte lo que siento en mi interior. Por lo general, ¿Sabes? Creemos que sabemos hablarte; pero, somos limitados, no tenemos la habilidad para hacerlo. Porque, no describimos correctamente, por ser finitos; sin embargo, Señor, siento que aún así nos comprendes. Señor, ¡Tú eres maravilloso! ¡Inmensamente bueno y generoso!
Quisiera terminar, diciéndote, Señor, que estoy eternamente agradecido, porque al expresarte lo que soy y siento; creo o me parece, que de alguna manera, ¡Alguien necesita de ti! Si, yo puedo ser el mediador, la voz de esperanza, ¡Estoy a tu disposición!
Bien conoces, Señor, mis necesidades materiales y espirituales. Las pongo delante de ti. ¡Ayúdame a cumplir con mis compromisos! Pon delante de mí, a quién o quiénes sean los mensajeros y protectores que contribuyan en la difusión de tu Evangelio. Que éste ¡Sea vivo, eficaz y esperanzador!
Padre amado, me inclino ante ti, me postro ante tu magnificencia, y; te imploro me atiendas; lo hago, en el nombre de tu Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo.
Gracias Padre, por escucharme, por atender mi pedido, por darme respuesta. Por tu gran amor incomparable.
Gracias Jesús, Por tu amor y entrega, por enseñarnos a tener fe. Gracias por aumentar mi fe.
Gracias Espíritu de Amor, por alimentar mi amor, mi fe y acrecentar mi esperanza.
Gracias, Dios mío, por ser, ¡Todo para mí!
Amén.




