¿AMOR LÍQUIDO O SÓLIDO?
El
drama que enfrenta cada ser humano está centrado en sus intereses cotidianos y
en las vivencias y experiencias que tiene en su devenir histórico personal,
familiar y comunitario, dentro del contexto global del mundo actual.
Al
leer y tratar de entender o interpretar lo que Zygmunt Bauman quiere expresar
en su obra, después de haber hecho varias relecturas como en cualquier obra
siempre hallamos nuevos elementos que surgen del contenido, pero también
hallamos muchas limitaciones. No soy el mejor intérprete de una sesuda reflexión
como la del autor que sustenta su aporte en base al soporte ofrecido por
diferentes autores que reflexionan sobre el amor y sus distintas maneras de
expresarse y como los sentimientos son emanaciones de las emociones y
percepciones de la vida.
Cuando
se observa que el autor en el prólogo exhibe la tendencia actual de hablar de
redes y sus alcances o influencias que tienen, a diferencia de las relaciones,
parentesco, pareja o ideas que se tengan respecto a algún aspecto de la vida
humana; sin embargo, me encuentro con un gran vacío y un profundo abismo por
superar. Esta brecha honda que observo, en la que el autor no destaca por su
lógica de bienestar o de postura satisfecha, no coincide con todos los seres
humanos. Los miles de millones de humanos que no tienen acceso a la información
y cultura privilegiada sustentan sus sentimientos en base a sus experiencias
del entorno en que viven y se desarrollan; también hay quiénes solo pueden
expresar la belleza de la vida o sus manifestaciones artísticas de acuerdo a
los elementos de su entorno. Lo más resaltante que pude encontrar es que el
autor reflexiona y escribe para entender la sublimación cuasi perfectible de
personas humanas con todas sus capacidades, potencialidades hábiles y con sus
limitaciones limitadas, porque no muestra en ningún momento la capacidad de
percepción de lo bello en aquellos que carecen de los sentidos básicos de la
persona humana. Para un invidente de nacimiento es difícil expresar la armonía de
los colores de la naturaleza; para un sordomudo, expresar la armonía de los
sonidos de manera artística y comprensible para todos es un reto inalcanzable.
Así, si nos ponemos a evaluar si es líquido el amor o es sólido, tenemos que
situarnos en el contexto de la persona que los percibe y su manera de entender
la vida.
En
lo personal he podido constatar que en muchas ocasiones no solo es suficiente
observar un paisaje desde ángulos distintos para entender la oferta que nos
hace la naturaleza o el motivo de nuestra percepción; de igual manera ocurre
con los sonidos, ya que no son percibidos de igual manera o sentidos en la
misma intensidad desde el lugar en que nos encontremos. Un discapacitado tiene
una percepción diferente de lo mencionado, sabiendo que sus limitaciones son
acordes con los motivos de la percepción señalada. Esto nos enseña que la
percepción de la vida difiere de uno a otro. Existirán coincidencias, pero
muchas diferencias.
En
cuanto a los sentimientos, también hay variedad de entendimientos y
limitaciones de uno a otro. En el caso del amor, podemos observar que mientras
se concibe en unos casos de manera materialista porque linda con elementos
plausibles, en otros es inmaterial porque es concebido como idealista. Estas
posturas se centran en la vieja dicotomía de idea y materia, las que a pesar de
la evolución del pensamiento e historia humana siguen siendo enfrentadas y hay
quienes en su radicalidad abrazan apasionadamente una de ellas, sin el buen uso
de criterios razonables de la coexistencia de ambas para complementariedad de
la vida humana. Ahora bien, es en torno al amor visto desde esta última postura
que encontramos una enorme variedad de concepciones, pero que a mi parecer
puedo destacar tres importantes.
La
primera es de carácter trascendente, porque emana desde la identificación con
el principio divino de la existencia de todo. La concepción percibida bajo esta
óptica es que no existe nada si no es por amor. El amor es la fortaleza de la
existencia y son sus características como sus cualidades las que dan la razón
de ser de la existencia. Nada ni nadie, sea material o inmaterial existe sino
por amor, si se entiende como fuente del amor, a la divinidad o la
trascendencia, se crea o no en su existencia. Tener como referente lo divino
contribuye a entender el amor como la fuente existencial que hemos señalado. La
percepción de esta dimensión del amor, si bien es cierto que debe entenderse
como inmaterial, también es cierto que sus características y su función
contribuye a darle sentido a la coexistencia humana, no tener este principio
haría imposible la convivencia humana, por más esfuerzos que se hagan. Esta
manera de entender el amor nos ayuda a ubicar lo que este significa y cómo debe
entenderse.
La
segunda es el sentimiento que surge o nace de la conexión entre los congéneres
humanos y hasta en los animales percibimos signos o manifestaciones instintivas
de sentimientos símiles al amor. El amor entre los seres humanos está cargado
por la identificación de uno con el otro, no necesariamente entre sexos
complementarios, macho y hembra, sino entre humanos por las razones que sean.
La identificación del amor entre los humanos se concibe como una relación eminentemente
inmaterial, porque son conexiones espirituales o sentimentales, cuyas
evidencias están dadas en los estados emocionales que reflejan su manifestación,
los que por lo general demuestran la atención al otro, su promoción y
desarrollo, el esfuerzo por la felicidad del otro y la plenitud de su vida. En
toda relación humana se puede hallar la manifestación del amor o su contrario,
pero que de todos modos el eje de las relaciones humanas están cimentadas en el
amor. Cuando nos encontramos con personas que denotan con sus actitudes
acciones contrarias a la bondad, humildad, sencillez, paciencia, tolerancia,
amabilidad, justicia y verdad, entonces podemos indicar que de un modo u otro
existen referentes al amor para coexistir. Con lo dicho, se observa que toda
relación humana está ligada al amor, sea en su favor o lo contrario, pero de
todas maneras es la esencia de la vida humana.
La
tercera, está más bien cargada de manifestaciones distorsionadas del sentido y
el espíritu de lo que significa el amor, porque se les ha dado un significado
más pueril o carnal, destacando la materialidad interrelacional entre las
personas, como fusión de convivencia marital o sexual. Esta manera de entender
al amor no es en suma, la de mayor relevancia, pero que de todos modos se tiene
que exponer, porque forma parte de la experiencia humana y que aun cuando no
refleje la esencia de lo que el autor ha querido expresar en su obra, si
podemos mencionar como una proliferación contemporánea.
Después
de expresar lo arriba señalado, cabe entre nosotros definir si el amor tiene
solidez, liquidez u otra presentación. A mi modesta manera de percibirlo es una
simbiosis que ineludiblemente no podemos priorizar una u otra. Que el amor es
inmaterial, pero que sus manifestaciones son gestos materializados y que
expresan la sublimación de la belleza y de la esencia espiritual de la
existencia en general y específicamente la humana. Dentro de este contexto
debemos destacar que tanto la manifestación del amor como su percepción y
realidad obedece al contexto o realidad de cada persona. Que el aporte del
autor del Amor Líquido, nos ha ayudado a entender el sentido de la vida con sus
reflexiones, también nos ha permitido obtener mayores elementos de juicio para
buscar lo que no ha sido considerado desde su óptica. Resumo diciendo que el
amor es la esencia de la vida presentado de manera diversa de acuerdo a la
coexistencia humana.
CARLOS ALBERTO SOTO VÁSQUEZ